Plinio el Viejo: Descripción de Babilonia


Babilón, la capital de las naciones caldaicas, consiguió una gran celebridad entre las ciudades del mundo entero, a causa de lo cual el resto de Mesopotamia y de Asiria recibió el nombre de Babilonia. Estaba rodeada por dos muros de sesenta mil pasos, con una altura de doscientos pies y una anchura de cincuenta, siendo la medida de cada pie mayor que la nuestra en tres dedos; por el centro corría el Éufrates con admirables construcciones en uno y otro lado; todavía se conserva allí el templo de Júpiter Belo; él fue el descubridor de la ciencia de las estrellas. Con todo, esta ciudad se ha transformado en un paraje deshabitado, absorbida por la proximidad de Seleucia , fundada a tal fin por Nicátor a menos de cuarenta millas de distancia, en la confluencia del Éufrates, desviado por un canal, y del Tigris. Seleucia, sin embargo, recibe el sobrenombre de Babilonia y hoy es una ciudad libre e independiente, y además con las costumbres de los macedones. Dicen que la ciudad tiene seiscientos mil habitantes y, en cuanto a la configuración de sus murallas, que es la de un águila extendiendo las alas, y que sus campos son los más fértiles de todo el oriente. A su vez los partos, para despoblarla, a tres millas de distancia, en Calonítide, fundaron Ctesifonte, que es ahora la capital de sus reinos, y, al no conseguir ningún resultado, el rey Vologeso fundó no hace mucho otra ciudad, Vologesocerta, en sus proximidades.

FUENTE
Plinio el Viejo. Historia natural, VI 30, 121-122. (Siglo I)
Traducción de M. L. ARRIBAS. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1998.

IMÁGEN
Plinio el Viejo

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