Todos los que lean este artículo, o al menos la inmensa mayoría, ha jugado alguna vez al fútbol de mesa.
Futbolín para españoles, colombianos, peruanos, venezolanos y bolivianos, que también lo llaman canchitas; metegol para los argentinos; taca-taca para los chilenos; fuchito, fuchín o futbolito para los mexicanos; futbolito, también para los uruguayos; kicker o tischfußball para los alemanes; calcio balilla para los italianos; baby-foot para los franceses; table football para los ingleses; fosball en los Estados Unidos y langırt en Turquía, por citar algunos ejemplos.
Como español, usaré el término futbolín para referirme a este juego casi universal a juzgar por las distintas terminologías que nos muestran su gran difusión.
Popularmente, y al menos desde mi perspectiva española, el futbolín a igual que la fregona, el sumergible o el chupa-chups es un invento español, a pesar de las disputas por la autoría de, entre otros, alemanes e italianos. Será inventado en mitad de la Guerra Civil Española en un hospital.
La historia de este juego y de su inventor es muy interesante, y debido a la importancia del futbolín, la biografía de Alejandro Finisterre va unida a la historia del popular juego.
Alejandro Campos Ramírez, nació en Finisterre (A Coruña) en el año 1919, hijo de un fabricante de calzado, se trasladó a La Coruña y, posteriormente a Madrid para cursar el Bachillerato.
La empresa de su padre quebró haciéndose imposible pagar la matrícula del colegio privado de Alejandro, que tenía otros nueve hermanos. Alejandro tuvo que ganarse los estudios corrigiendo los deberes de los párvulos, además de trabajar de peón de albañil y en una imprenta.
En esta época, en Madrid conocería a León Felipe al que prepararía, en octubre del 36 su primer recital y posteriormente se convertiría en su albacea, y fundaría el periódico Paso a la Juventud, donde ya aparecería con su seudónimo Alejandro Finisterre, publicando artículos sobre su tendencia política y dedicando también tiempo a su pasión la poesía.
Contaba 17 años, cuando en noviembre de 1936 un bombardeo sobre Madrid le dejó sepultado, sería rescatado y trasladado a Valencia y desde allí al hospital improvisado, llamado de sangre, en Puig. Durante su recuperación mostró una gran iniciativa que le llevaría a su primer invento, el pasa hojas mecánico, un artilugio que consistía en unas pinzas móviles accionadas mediante un pedal de pie, que servían para pasar las hojas de la partitura de una enfermera del centro que daba recitales de piano.
Con la colaboración de Francisco Javier Altuna, un carpintero vasco, Finisterre había creado el pasa hojas mecánico, y también será su "cómplice" en el invento del futbolín.
El futbolín llegaría en una época de reivindicación de los juguetes. Las jugueteras, cambiaron trenes y soldaditos por espoletas y municiones para proveer a los distintos ejércitos durante la guerra; a esto se le añadía el ánimo republicano de sustituir la arraigada tradición de los Reyes Magos por un equivalente laico. Esto no impidió que a partir de 1937 se volvieran a recuperar los juguetes, al fín y al cabo, eran necesarios para paliar, de alguna manera, a las grandes víctimas de los horrores de la guerra que eran los niños.
Finisterre, que había quedado cojo, compartía estancia en el hospital de la colonia del Puig con otros muchachos lisiados. Al ser mayor, el encargado de la colonia le encomienda el cuidado de los niños, y organiza la escuela según las pedagogías anarquista de Ferrer i Guardia. Al parecer, los niños estaban más interesados por el fútbol que por el esperanto y esperaban que hiciera buen tiempo para salir a practicar el deporte rey. Cuando llovía era un problema ya que destrozaban los salones del hotel Marcet que se les prestaba para sus juegos.
Estas serían las causas de que la mente inventora de Finisterre, también aficionado al fútbol, ideara el futbolín, según sus propias palabras:"Poco antes de la Navidad de 1936 compré en Barcelona unas barras, y un carpintero vasco, Francisco Javier Altuna, también refugiado, me hizo la mesa y torneó las figuritas. El líder de CNT y FAI, Joan Busquets, un anarquista de Monistrol que tenía una fábrica de gaseosas, lo vio y me animó a patentar el invento. Lo patenté a principios de 1937, igual que el primer pasahojas de partituras movido con el pie, que hice para Núria, una pianista guapísima de la que me enamoré locamente en las reuniones sabatinas de la colonia".
Finisterre marchó a Ecuador, y retomando su trabajo de editor y su vocación de poeta, fundó la revista de poesía Ecuador 0º 0'0.
Años más tarde se trasladó a Guatemala, en 1952, donde perfeccionó su futbolín con barras telescópicas de acero sueco y mesa de caoba de Santa Maria. Guatemala resultó ser un lugar idóneo para la difusión de su invento, con acceso al Atlántico y al Pacífico y cerca del Canal de Panamá. Consiguió prosperar su negocio con otras invenciones como cajas de música o el baloncesto de mesa y conoció al Che."...Una hermana mía se hizo amiga de Hilda Gadea, entonces compañera del Che. Venía todos los días al Centro Republicano Español de Guatemala. Teníamos estilos parecidos. A mí me fue bien con el negocio del futbolín, hasta que el coronel Castillo Armas dio el golpe de Estado y me secuestraron".
La invasión de Guatemala por Castillo Armas truncó sus progresos. Su militancia izquierdista y la competencia que hacía al monopolio estatal de las tragaperras, llevó a la detención de Finisterre y su extradición a España
"Yo era amigo del embajador de la República española en Guatemala. Antes del golpe de Estado, temiendo lo peor, él me pidió que llevara la valija diplomática a México. Quedó constancia de ese favor y, cuando Castillo Armas tomó el poder, me secuestraron y me metieron en un avión hacia Madrid. Pero amenacé al piloto con estrellar el aparato, siendo el primer secuestrador aéreo de la historia. Más tarde, en México, me dediqué a editar".
A su llegada a México, donde se instalo en 1956, vio como su gran invento fue pirateado de inmediato sin posibilidad de control de royalties, por lo que decidió dedicarse a la edición de libros de arte y la obra de los exiliados. Aquí retomaría el contacto con el también exiliado León Felipe.
En la Transición, regresó a España y contempló con asombro la gran expansión que había tenido el futbolín durante la Guerra Civil y que continuó durante la posguerra (y hasta nuestros días). El futbolín fabricado por empresas valencianas se había convertido en el juego nacional por excelencia, pero este futbolín era bastante diferente al prototipo del puig, los jugadores de madera y la bola de corcho aglomerado habían dado paso a los nuevos jugadores de plomo y la pelota de marmolina, ganando el juego en potencia respecto al diseño primitivo, que a Finisterre nunca entusiasmó."Debe de ser el mejor jugador del mundo. Lo soy si juego con mis futbolines, que combinan la suavidad del boj y el corcho aglomerado de la pelota. ¿Ha dicho corcho aglomerado? Sí. Esas pelotas tan duras no te permiten hacer efectos. El futbolín es un juego que no fomenta el autismo como los videojuegos; sino la amistad, el compañerismo, la coordinación de movimientos entre la mano derecha y la izquierda".
Se instaló en Aranda de Duero (Burgos), donde continuó escribiendo mientras era miembro de la Real Academia Gallega. Después se trasladó a Zamora, donde gestionaría la herencia del poeta León Felipe como albacea testamentario.
Recientemente, falleció en Zamora, en su casa del barrio de Pinilla, a la edad de 87 años, el dia 9 de febrero de 2007. Sus cenizas fueron esparcidas en el Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora y en el Atlántico en Finisterre.
FUENTES
El Diario de Zamora
Grupo Billarcor
Mobbing Opinión
Wikilearning
Wikipedia
IMÁGENES
Alejandro Finisterre
Futbolín
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Alejandro Finisterre, inventor del futbolín |
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Quemarse a lo bonzo |
Quemarse a lo bonzo es una forma de suicidio mediante la cual el individuo acaba con su vida rociándose con algún tipo de líquido inflamable y prendiéndose fuego en público como forma de protesta o acción solidaria por algún motivo.
La expresión quemarse a lo bonzo tiene su origen en el trágico suceso sucedido en Saigón (actual Ciudad Ho Chi Minh) el 11 de junio de 1963.
En esta fecha, un grupo de monjes budistas bonzos de la pagoda de Linh-Mu en Hue (antigua capital de Vietnam) protestaron quemándose hasta morir como rechazo a la opresión que la administración vietnamita de Ngo Dinh Diem ejercía sobre la religión budista en este país.
Thich Quang Duc, un bonzo de 67 años, acompañado, al menos, de dos monjes llegaron en un Austin azul claro a la intersección de dos calles céntricas de Saigón. Thich Quang Duc salió del vehículo y asumió la posición tradicional del loto; los monjes que le acompañaban le ayudaron a rociarse con gasolina y encendiendo un fósforo se prendió fuego muriendo en cuestión de minutos. Mientras su cuerpo ardía, el monje se mantuvo completamente inmóvil. No gritó, ni siquiera hizo un ruido.
David Halberstam, un reportero del New York Times que cubría la guerra en Vietnam, escribió sobre este suceso:
Thich Quang Duc se había preparado hacía varias semanas para su inmolación y había explicado su motivación en cartas dirigidas a los miembros de su comunidad budista así como al gobierno de Vietnam del Sur semanas antes del suceso. En estas cartas, expresó su deseo de atraer la atención contra la política represiva del régimen católico de Diem.
Antes del suceso, los budistas vietnamitas habían hecho una serie de peticiones al régimen de Diem: Levantar su prohibición de exhibir la bandera budista tradicional; garantizar al budismo los mismos derechos que al catolicismo; parar las detenciones de budistas; dar a los monjes y a las monjas budistas el derecho de practicar su religión por separado y pagar indemnizaciones a las familias de las víctimas castigando a los responsables de las muertes de budistas.
Al no ser consideradas estas peticiones por el régimen de Deim, Thich Quang Duc llevó a cabo su inmolación. Tras su muerte, Thich Quang Duc fue incinerado como es costumbre en la religión budista pero durante la cremación su corazón se mantuvo intacto, por lo que, el monje, fue considerado como santo y su corazón fue trasladado al cuidado del Banco de Reserva de Vietnam como reliquia.
Desde este suceso, inmolarse de esta manera ha sido utilizado en bastantes ocasiones como motivo de protesta política como el caso de Jan Palach en la Primavera de Praga, en protesta ante la invasión por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia para derrocar la política reformista de Alexander Dubček; o el caso de los iraníes en Roma como protesta ante la detención masiva de opositores al régimen de los ayatolás decretada por Francia en 2003; por poner algunos ejemplos.
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Copérnico y el origen del pan con mantequilla |
Popularmente, todos conocemos a Nicolás Copérnico como el astrónomo polaco que teorizó el primer modelo matemático heliocéntrico del sistema solar con su De Revolutionibus Orbium Coelestium, publicado, póstumamente, en 1543; lo que no solemos conocer es que Copérnico fue el inventor de algo más cotidiano si cabe que la explicación científica de nuestro calendario, este invento fue el pan untado con mantequilla.
Al parecer, en 1519, Copérnico se encontraba en la sitiada Allenstein -durante la guerra mantenida entre Polonia y los caballeros de la Órden Teutónica- que sufría, además, una epidemia causada por la ingesta de pan en mal estado. Copérnico, como administrador de los distritos de Allenstein y Melshak, comenzó un estudio y descubrió el origen de la pandemia estableciendo diferentes dietas para diferentes grupos de habitantes, pero, lo que Copérnico no sabía era si el pan estaba siendo emponzoñado por el enemigo e introducido en la ciudad o, simplemente, el pan estaba contaminado por la suciedad reinante. Para solucionar esto, decidió untar el pan con algo de color claro, de tal forma que se viera de forma clara si el pan se ensuciaba o si había sido lanzado por el enemigo. Así acabaron con la epidemia, y también se inventó el pan con mantequilla.
Visto en Curiosidades de la historia
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Napoleón: muerte por cáncer de estómago |
Me hago eco de esta noticia, que revela más datos con la aplicación de otras ciencias en la investigación histórica. Al parecer, los estudios llevados a cabo por un equipo de investigadores estadounidenses, suizos y canadienses, con la aplicación de modernas tecnologías, han llegado a la conclusión que la muerte de Napoleón Bonaparte no fue, contra lo creído hasta ahora, a causa de envenenamiento por arsénico durante su exilio en la isla de Santa Helena.
El 5 de Mayo de 1821, el ex emperador pronunció sus últimas palabras en el exilio, éstas serían "France, armée, Joséphine", o según las Memorias de Santa Helena, "...tête...armée...Mon Dieu!", muriendo a la edad de 51 años.
Las hipótesis barajadas hasta el momento van del envenenamiento con arsénico hasta el cáncer estomacal, pasando por el excesivo celo de sus médicos al realizarle lavados de estómago que pudieron llegar a provocarle problemas de corazón.
El estudio forense realizado por un equipo estadounidense en 1961, halló una gran densidad de arsénico en los cabellos de Napoleón, tomando mayor peso la hipótesis del envenenamiento ante una posible conspiración. Esta teoría fue ya desmontada en 2005 por un equipo suizo, que demostraba que esos restos de arsénico podrían provenir del vino ingerido por el ex emperador, debido a la costumbre de los viticultores de la época de limpiar sus barricas y cubas con el citado elemento.
Los últimos estudios realizados por el Doctor Robert Genta, de la Universidad de Texas (EEUU), inclina la balanza hacia la hipótesis del cáncer de estómago, posiblemente heredado de su padre fallecido de similar dolencia -más concretamente de un cirro en el píloro-. Para apoyar su tesis, se apoya en los informes forenses redactados por el médico personal del emperador Francesco Antommarchi y de doctores ingleses, que revelan una "lesión ulcerada" de "contornos irregulares".
Además, según los documentos históricos expone que "el principal factor de riesgo para Napoleón podría haber sido una infección por la bacteria helicobacter pylori, más que por una predisposición familiar", según comentan en el número de enero de la revista científica Nature Clinical Practice.
También, estos investigadores barajan la presencia de una úlcera prepilórica en el estómago de Napoleón sugieriendo la existencia de "una gastritis H. pylori crónica, que podría haber generado un mayor riesgo de cáncer gástrico", "agravado por su alimentación, probablemente formada por alimentos conservados en sal, carnes asadas y pocas frutas y verduras".
De ser correctos los análisis, podríamos decir que aunque Napoleón hubiera conseguido organizar otra ofensiva como en la llevada a cabo desde su exilio en la isla de Elba, su condición de enfermo de cáncer terminal hubiera evitado que ejerciera un papel importante en la historia posterior de Europa, ya que sufriendo esta enfermedad en un estado tan avanzado, el ex emperador no gozaría de muchas esperanzas de vida incluso durante nuestros días.
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Gabriel de Espinosa, el pastelero que suplantó a un rey |
Al morir en 1557 Juan III de Portugal, le sucedió en el trono su nieto don Sebastián, que tenía sólo tres años de edad, quedando como regente su abuela Catalina, hermana de Carlos I de España.
El caso es que , según crecía, fue desarrollándose en el joven monarca un obsesivo afán de rememorar los tiempos de las Cruzadas y, en concreto, de dirigir una contra los musulmanes del norte de África.
Con este propósito se reúne con su tío Felipe II en Guadalupe para intentar convencerle de que se una a la empresa, pero éste no se aviene.
No se desanimapor el desaire de su tío y sigue con sus planes. Con mucho esfuerzo consigue reunir un ejército de 17.000 hombres, la mayoría sin experiencia militar, partiendo de Lisboa en junio de 1578. Una vez desembarcado se mantiene varias semanas dudando si asediar o no la ciudad de Larache. Mientras tanto, el rey de Marruecos, Abd el-Malik, organiza un ejército de 70.000 hombres.
El 4 de agosto, en las llanuras de Alcazarquivir (Ksar-el-Kebir), se enfrentaron los dos ejércitos en desigual combate. Ni qué decir tiene que al cabo de un rato no quedaba ningún portugués vivo. Ni siquiera su rey, del que nunca más se supo.
Al morir don Sebastián sin sucesión, el trono recayó, dos años después y tras algunos avatares, en Felipe II de España, que unió así, en su persona, todos los territorios ibéricos y que, unidos a las posesiones ultramarinas de ambas naciones daría pie al dicho de que en sus reinos nunca se ponía el sol.
La aureola caballeresca que rodeó en vida a don Sebatián y el hecho de que su cadáver nunca apareciera tras la batalla de Alcazarquivir dio origen a que surgiera tanto en España como en Portugal la idea de que no había muerto, sino que, escapado providencialmente de la matanza, vivía en algún lugar de Europa, disfrazado y cumpliendo en secreto un voto de penitencia.
Aprovechando esta coyuntura surgieron aquí y allá ciertos personajes que decían ser don Sebastián. Se conoce el nombre de varios de ellos, pero ninguno tan famoso como Gabriel de Espinosa, más conocido como el Pastelero de Madrigal.
Este individuo, natural de Toledo, vivía hacia 1590 en la villa abulense de Madrigal, donde ejercía el oficio de pastelero. También en Madrigal vivía, desterrado de su patria, un fraile agustino portugués, fray Miguel de los Santos. Este fraile al conocer a Gabriel le encontró un gran parecido con don Sebastián, por lo que urdió una trama con la que el pastelero estuvo de acuerdo.
Aprovechando, además, que en el convento del que era capellán estaba recluida a la fuerza doña Ana de Austria, hija natural de don Juan de Austria, el plan del fraile consistía no sólo en hacer pasar a Gabriel por el rey desaparecido, sino también en casar a éste con doña Ana y trasladarlos en secreto a Portugal. Doña Ana, cuya vocación de monja era nula y haría lo que fuera con tal de salir del convento, también se avino.
Pero el secreto no lo fue tanto, y hasta Madrigal llegaron algunos nobles portugueses que reconocieron en Gabriel a su añorado don Sebastián. Felipe II no dio importancia a estos viajes en un principio, pero no tuvo más remedio que hacerlo cuando la falsa noticia de que don Sebastián estaba vivo amenazó con desestabilizar su reino portugués.
El asunto terminó como solían terminar estos casos: Gabriel, ahorcado en Medina del Campo; fray Miguel, ahorcado en la Plaza Mayor de Madrid, y doña Ana trasladada a otro convento en Ávila, más riguroso, donde murió.
J.I. de Arana Historias curiosas de las guerrasMadrid.Espasa Calpe.2001.
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Charles de Batz de Castelmore: El mosquetero D´Artagnan |
Todos conocemos, o hemos oído hablar del mosqutero D´Artagnan por la ilustre novela "Los Tres Mosqueteros" de Alejandro Dumas. Lo que ya no solemos conocer es que este personaje existió en la realidad y que la famosa novela del XIX está basada en una biografía panegérica del XVIII llamada "Memorias de señor D'Artagnan, teniente capitán de la primera compañía de los Mosqueteros del Rey" y escrita por Gatien de Courtilz de Sandras, un ensayista y ex compañero de armas del personaje, en 1700.
El que popularmente conocemos como el mosquetero D´Artagnan, fue Charles de Batz de Castelmore, Conde de Artagnan, nació alrededor del año 1613 (algunos dan un margen de una década, entre 1610 y 1620, sin concretar), en el castillo ancestral de su padre, el castillo de Castelmore, en la comunidad de Lupiac, cantón de Aignan, en Armagnac (Gascuña). Su padre era Bertrand de Batz de Castelmore, y su madre Françoise de Montesquiou, hija del señor d'Artagnan en Bigorra. Es pues de su familia materna que el futuro mosquetero tomará prestado su nombre de "D'Artagnan".
En 1640, subió a París para reunirse con sus tres hermanos, todos haciendo carrera en el ejército como muchos otros Gascones, muy preciados por sus cualidades militares.
Cadete en el regimiento de las Guardias Francesas, en la Compañía del Capitán des Essarts, cuñado del bearnés Conde de Tréville, que ostentaba el mando de la Compañía de los Mosqueteros del Rey.
De 1640 a 1642, D'Artagnan participa en las distintas operaciones militares de Arras, Aire, Bapaume, de Collioure y de Perpiñán.
En 1644, entra en la Compañía de los Mosqueteros del Rey, donde ya se halla incorporado su hermano Paul, luego pasa en 1646 al servicio del Cardenal Mazarino, el cual será durante toda su vida, un verdadero y fiel protector.
Es en 1658 cuando D'Artagnan adquiere su título de subteniente de los Mosqueteros, tropas de élite de las cuales obtiene la dirección.
Hombre de confianza y caballero infatigable, recibirá de Mazarino su ascenso de Capitán en el Regimiento de las Guardias. Con ese grado participará en las distintas operaciones militares que se realizan en la guerra franco-española, en los Países Bajos y en el asedio de Stenay.
Su situación en la corte le obliga a contraer matrimonio. Es en uno de esos aristocráticos salones del Marais, que frecuenta con asiduidad, que conocerá a una rica viuda, Charlotte-Anne de Chancely, Dama de Sainte-Croix. A ese lustroso matrimonio le precede, el 5 de marzo de 1659, el contrato matrimonial con las firmas del rey Luis XIV, del Cardenal Mazarino, el Duque Antoine III de Gramont, Mariscal de Francia, y François de Besmaux, Gobernador de La Bastilla (y compatriota de D'Artagnan).
Tuvo el privilegio de dirigir la escolta de la comitiva real, atravesando su país natal, para ir de camino a San Juan de Luz, donde el rey iba a matrimoniar con la infanta española Maria Teresa de Austria, hija del rey Felipe IV de España.
Dos meses después, encabezando a los Mosqueteros, participó a las fastuosas ceremonias celebrando el real enlace en la capital francesa.
Fue sobre la orden del rey que D'Artagnan arrestó al superintendente de Finanzas Nicolas Fouquet, el 4 de septiembre de 1661. Delicada misión de la cual salió aireoso, felicitándole Luis XIV por su buen hacer.
En 1665, obtiene una comisión que le otorga el mando de la Iª Compañía de los Grandes Mosqueteros del Rey. En 1667, recibía el cargo más ilustre del Reino, el de Capitán de esa compañía con autoridad sobre el conjunto de los Mosqueteros del Rey. También le conceden las funciones de gobernador de la ciudad de Lille, reemplazando al mariscal-duque de Humières.
Durante la campaña de Holanda, conducida por el rey en persona, Maastricht, principal ciudad de Brabante, fue asediada y tomada.
El 25 de junio de 1673, D'Artagnan, llamado en refuerzo, encontraría la muerte al frente de sus tropas en el curso de un violento asalto en el sitio de Maastricht, durante la Guerra Franco-Holandesa. Recibió una bala en plena garganta.
Al llegarle la noticia de su muerte, Luis XIV lloró a su valeroso mosquetero y alabó sus méritos.
El final heróico y el carácter extraordinario de ese gascón, le valieron esa reflexión:"D'Artagnan y la Gloria tienen el mismo ataúd."
La Familia Real Francesa le rindió un último homenaje, un año después de su muerte. Sus dos hijos, de 14 y 13 años, fueron bautizados por el obispo Bossuet en persona. El primogénito fue apadrinado por el Rey y la Reina. El menor, por el Gran Delfín y la Duquesa de Montpensier.
Visto en: Retratos de la Historia
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Res Gestae Divi Augusti |
Texto que es copia de los hechos del divino Augusto, con las cuales sujetó el universo mundo al dominio del pueblo romano, y de las munificencias que hizo a la república y al pueblo de Roma, escritas en dos columnas de bronce que se hallan en Roma.
1. A los diecinueve años de edad alcé, por decisión personal y a mis expensas, un ejército que me permitió devolver la libertad a la República, oprimida por el dominio de una bandería. Como recompensa, el Senado, mediante decretos honoríficos, me admitió en su seno, bajo el consulado de Cayo Pansa y Aulo Hirtio [43 a.C.], concediéndome el rango senatorio equivalente al de los Cónsules. Me confió la misión de velar por el bienestar público, junto con los Cónsules y en calidad de Pro-pretor. Ese mismo año, habiendo muerto ambos Cónsules en la guerra, el pueblo me nombró Cónsul y triunviro responsab
2. Proscribí a los asesinos de mi Padre, vindicando su crimen a través de un juicio legal; y cuando, más tarde, llevaron sus armas contra la República, los vencí por dos veces en campo abierto.
3. Hice a menudo la guerra, por tierra y por mar. Guerras civiles y contra extranjeros, por todo el universo. Y, tras la victoria, concedí el perdón a cuantos ciudadanos solicitaron gracia. En cuanto a los pueblos extranjeros, preferí conservar que no destruir a quienes podían ser perdonados sin peligro [para Roma] Unos 500.000 ciudadanos romanos prestaron sagrado juramento de devoción a mi persona. De entre ellos, algo más de 300.000, tras la conclusión de su servicio militar, fueron asentados por mí en colonias de nueva fundación o reenviados a sus municipios de origen. A todos ellos asigné tierras o dinero para recompensarlos por sus servicios de armas. Capturé 600 navíos, entre los que no cuento los que no fuesen, cuando menos, trirremes.
4. Por dos veces recibí el honor de la ovación solemne y por tres el del triunfo curul. Recibí aclamaciones oficiales como general imperator en veintiuna ocasiones. Por todo ello el Senado me otorgó la celebración de numerosos triunfos oficiales, que decliné Deposité en el Capitolio los laureles de mis fasces, tras haber cumplido las promesas formuladas con ocasión de cada guerra. A causa de los éxitos obtenidos por mí (o por mis lugartenientes en el mando bajo mis auspicios), tanto por tierra cuanto por mar, el Senado decretó acciones oficiales de gracias a los dioses inmortales en cincuenta y cinco ocasiones. Tales acciones de gracias sumaron, en conjunto, 890 días En mis triunfos oficiales, ante mi carro, desfilaron [vencidos] nueve reyes o hijos de rey. Cuando escribí lo que antecede, había sido Cónsul por decimotercera vez [2 a.C.] y desempeñaba la potestad de los Tribunos de la plebe por trigesimoséptimo año.
5. Durante el consulado de Marco Marcelo y Lucio Arruncio [22 a.C.] no acepté la magistratura de Dictador, que el Senado y el pueblo me conferían para ejercerla tanto en mi ausencia cuanto durante mi presencia [en Roma] No quise [empero] declinar la responsabilidad de los aprovisionamientos alimentarios, en medio de una gran carestía; y de tal modo asumí su gestión que, pocos días más tarde, toda la Ciudad se hallaba desembarazada de cualquier temor y peligro, a mi sola costa y bajo mi responsabilidad. No acepté [tampoco] el consulado que entonces se me ofreció, para ese año y con carácter vitalicio.
6. Durante el consulado de Marco Vinucio y Quinto Lucrecio [19 a.C.] y, después, bajo el de Publio y Gneo Léntulo [18 a.C.] y, en tercer lugar, durante el de Paulo Fabio Máximo y Quinto Tuberón [11 a.C.], habiendo unánimemente decidido el pueblo y el Senado que fuese yo responsable único y máximo del cuidado de las costumbres y las leyes, no quise que se me confiara una magistratura en términos que hubieran resultado contrarios a la tradición ancestral; pero las actuaciones que el Senado deseaba por entonces de mí las llevé a cabo, fundado [sólo] en mi potestad tribunicia. Y [aun] para esa misma función pedí y recibí del Senado, por cinco veces, un colega.
7. Durante diez años consecutivos fui miembro del colegio triunviral al que se había encargado la reconstitución de la República; hasta el momento en que redacté estos sucesos, Príncipe del Senado por cuarenta años consecutivos. Fui Pontífice Máximo, augur, miembro del Colegio de los Quince encargados de las sagradas ceremonias, del Colegio de los Siete encargados de los sacros banquetes, hermano de la Cofradía Arval, sodal Titio y sacerdote fecial.
8. Por mandato del pueblo y del Senado, durante mi quinto consulado [29 a.C.] aumenté el número de los patricios romanos. Por tres veces establecí la lista de senadores y, en mi sexto consulado [28 a.C.], llevé a cabo, con Marco Agripa como colega, el censo del pueblo. Celebré la ceremonia lustral después de que no se hubiera celebrado en cuarenta y dos años; en ella fueron censados 4.063.000 ciudadanos romanos. Durante el consulado de Cayo Censorino y Cayo Asinio [8 a.C.] llevé a cabo el censo por mí solo, en virtud de mi poder consular, en cuya lustración se contaron 4.233.000 ciudadanos romanos. Hice el censo por vez tercera, en virtud de mi poder consular y teniendo por colega a mi hijo [adoptivo], Tiberio César, en el consulado de Sexto Pompeyo y Sexto Apuleyo [14 d. C.]; con ocasión de este censo conté 4.937.000 ciudadanos romanos. Mediante nuevas leyes que propuse saqué del desuso muchos ejemplos de nuestros antepasados, decaídos ya en Roma, y yo mismo dejé a la posteridad muchas acciones como ejemplo que imitar.
9. El Senado decretó que, cada cuatro años, Cónsules y sacerdotes ofreciesen votos por mi salud. Para cumplirlos, tanto los cuatro Colegios sacerdotales mayores cuanto los Cónsules ofrecieron frecuentemente, en vida mía, juegos públicos. Asimismo, en sus casas y en las municipalidades, todos los ciudadanos, sin excepción y unánimemente, realizaron en todo tiempo ceremonias por mi salud en toda clase de lugares sacros.
10. El Senado hizo incluir mi nombre en el cántico de los Sacerdotes Salios y una ley prescribió que poseería, a perpetuidad y de por vida, carácter inviolable para mi persona y la potestad de los Tribunos de la plebe. Cuando el pueblo me ofreció el Pontificado Máximo, que mi Padre había ejercido, lo rehusé, para no ser elegido en lugar del Pontífice que aún vivía No acepté ese sacerdocio sino años después, tras la muerte de quien lo ocupara con ocasión de las discordias civiles; y hubo tal concurrencia de multitud de toda Italia a los comicios que me eligieron, durante el consulado de Publio Sulpicio y Cayo Valgio [12 a.C.], como no se había visto semejante en Roma.
11. En homenaje a mi regreso y bajo el consulado de Quinto Lucrecio y Marco Vinicio [19 a.C.], el Senado consagró, cerca de la Puerta Capena, ante el templo del Honor y la Virtud, un altar a la Fortuna del [feliz] Retorno. Mandó que todos los años Pontífices y Vestales hicieran allí una ofrenda, en el aniversario de mi regreso de Siria, y llamó a ese día "de las Augustales", de acuerdo con mi nombre.
12. El mismo año, en virtud de un senadoconsulto, parte de los Pretores y de los Tribunos de la plebe, acompañados por el Cónsul Quinto Lucrecio y por los ciudadanos más principales, salió a mi encuentro en Campania: honra que a nadie se había conferido con anterioridad Cuando regresé de Hispania y de Galia, durante el consulado de Tiberio Nerón y Publio Quintilio [13 a.C.], tras haber llevado a cabo con todo éxito lo necesario en esas provincias, el Senado, para honrar mi vuelta, hizo consagrar, en el Campo de Marte, un altar dedicado a la Paz Augusta y encargó a los magistrados, Pretores y Vírgenes Vestales que llevasen a cabo en él un sacrificio en cada aniversario.
13. El templo de Jano Quirino, que nuestros ancestros deseaban permaneciese clausurado cuando en todos los dominios del pueblo romano se hubiera establecido victoriosamente la paz, tanto en tierra cuanto en mar, no había sido cerrado sino en dos ocasiones desde la fundación de la Ciudad hasta mi nacimiento; durante mi Principado, el Senado determinó, en tres ocasiones, que debía cerrarse.
14. El Senado y el pueblo romano, queriendo honrarme, designaron Cónsules, con intención de que asumiesen la magistratura cinco años más tarde y cuando tenían quince, a mis hijos [adoptados] Cayo y Lucio Césares, a quienes, muy jóvenes, me arrebató la Fortuna Y el Senado decretó que asistiesen a sus deliberaciones desde el mismo día en que fuesen presentados en el Foro. Los Caballeros de Roma, por su parte, unánimemente los denominaron Príncipes de la Juventud y les obsequiaron los escudos ecuestres y las lanzas de plata.
15. Pagué a la plebe de Roma 300 sestercios por cabeza, en cumplimiento del testamento de mi Padre. Y en mi propio nombre, cuando mi quinto consulado [29 a.C.], dí otros 400 (por cabeza), de mi botín de guerra. En mi décimo consulado [24 a.C.] distribuí, de nuevo, de mi propio patrimonio un congiario a la plebe de 400 sestercios por individuo. En el undécimo [23 a.C.], por doce vces repartí trigo adquirido a mis expensas. Cuando cumplí mi duodécima potestad tribunicia duodécima potestad tribunicia [11 a.C.], por vez tercera volví a repartir 400 sestercios a cada plebeyo. Nunca fueron menos de 250.000 las personas beneficiarias de estos repartos. En el año de mi decimoctava potestad tribunicia y de mi duodécimo consulado [5 a.C.] dí 60 denarios de plata por cabeza a 320.000 plebeyos de la Ciudad. Durante mi quinto consulado [29 a.C.] distribuí mil monedas, procedentes de mi botín de guerra, a cada uno de los soldados de mis ciudades coloniales militares: tal obsequio conmemorativo de mi triunfo oficial afectó a unos 120.000 hombres. Durante mi decimotercer consulado [2 a.C.] dí 60 denarios a cada ciudadano plebeyo de los que estaban inscritos en las listas de beneficiarios de las distribuciones gratuitas de grano, que fueron algo más de 200.000.
16. Para la compra de las tierras que había asignado a mis veteranos, en mi cuarto consulado [30 a.C.] y, luego, durante el de Marco Craso y Gneo Léntulo Augur [14 a.C.], destiné una subvención a las municipalidades, cuyo monto ascendió, en Italia, a 600 millones de sestercios, más o menos, y a unos 260 en las provincias. Que se recuerde, soy el primero y único que haya hecho tal cosa entre quienes fundaron ciudades coloniales militares en Italia o en las provincias. Más tarde, bajo los consulados de Tiberio Nerón y de Gneo Pisón [7 a.C.], de Cayo Antistio y Decio Lelio [6 a.C.], de Cayo Calvisio y Lucio Pasieno [4 a.C.], de Lucio Léntulo y Marco Mesala [3 a.C.] y de Lucio Caninio y Quinto Fabricio [2 a.C.], concedí recompensas en metálico a los soldados que se habían licenciado honorablemente y vuelto a sus lugares natales, asunto en el que invertí unos 400 millones de sestercios.
17. Por cuatro veces acudí, con mi dinero, en ayuda del Tesoro público, de modo tal que entregué a sus responsables 50 millones de sestercios. Bajo el consulado de Marco Lépido y Lucio Arruncio [6 d.C.], dí de mi patrimonio 70 millones de sestercios al Tesoro militar, el cual decidí crear, con el fin de conceder recompensas a los soldados con veinte o más años de servicios.
18. En el año en que fueron cónsules Gneo y Publio Léntulo [18 a.C.], a causa de la insuficiencia de los ingresos públicos, repartí socorros en especie a 100.000 personas y en metálico a más de 100.000, tomándolos de mis bienes y almacenes
19. Construí la Curia y su vestíbulo anejo, el templo de Apolo en el Palatino y sus pórticos, el templo del Divino Julio, el Lupercal, el Pórtico junto al Circo Flaminio -al que dí el nombre de Octavia, quien había construído anteriormente otro en el mismo lugar-, el palco imperial del Circo Máximo; los templos de Júpiter Feretrio y de Júpiter Tonante, en el Capitolio; el de Quirino, los de Minerva, Juno Reina y Júpiter Libertador, en el Aventino; el templo a los Lares en la cima de la Vía Sagrada, el de los Dioses Penates en la Velia y los de la Juventud y la Gran Madre, en el Palatino.
20. Restauré, con extraordinario gasto, el Capitolio y el Teatro de Pompeyo, sin añadir ninguna inscripción que llevase mi nombre Reparé los acueductos que, por su vejez, se encontraban arruinados en muchos sitios. Dupliqué la capacidad del acueducto Marcio, aduciéndole una nueva fuente. Concluí el Foro Julio y la Basílica situada entre los templos de Cástor y de Saturno, obras ambas iniciadas y llevadas casi a término por mi Padre. Destruída la Basílica por un incendio, acrecí su solar e hice que se emprendiese su reconstrucción en nombre de mis hijos [adoptivos], prescribiendo a mis herederos que la concluyesen en caso de no poder hacerlo yo mismo [14 a.C.]. En mi quinto consulado [29 a.C.], bajo la autoridad del Senado, reparé en Roma ochenta y dos templos, sin dejar en el descuido a ninguno que por entonces lo necesitara. Durante el séptimo [27 a.C.], rehice la Vía Flaminia, entre Roma y Ariminio, y todos los puentes, salvo el Milvio y el Minucio.
21. En solares de mi propiedad construí, con dinero de mi botín de guerra, el templo de Marte Vengador y el Foro de Augusto. Edifiqué el Teatro que hay cerca del templo de Apolo, en un terreno que, en gran parte, compré a particulares; y le dí el nombre de mi yerno, Marco Marcelo En el Capitolio consagré ofrendas procedentes de mi botín de guerra a los templos del Divino Julio, de Apolo, de Vesta y de Marte Vengador, que me costaron unos 100 millones de sestercios. En mi quinto consulado [29 a.C.] devolví a los municipios y colonias de Italia 35.000 libras de oro coronario del que me había sido ofrecido por mis triunfos oficiales. Y, en adelante, cada vez que hube de recibir una aclamación oficial como 'imperator', no quise aceptar esas ofrendas de oro coronario que se me seguían ofreciendo con la misma generosidad que antaño mediante acuerdos oficiales de los municipios y las colonias.
22. Ofrecí combates de gladiadores tres veces en mi propio nombre y cinco en el de mis hijos o nietos. En estos combates lucharon unos diez mil hombres. Ofrecí al pueblo un espectáculo de atletas, traídos de todas partes, dos veces en mi nombre y una tercera en el de mi nieto Celebré juegos, en mi nombre, por cuatro veces y otras veintitrés en el de otros magistrados. Durante el consulado de Cayo Furnio y Cayo Silano [17 a.C.] celebré los Juegos Seculares, con Marco Agripa como colega, en mi condición de presidente del Colegio de los Quince. En mi décimotercer consulado [2 a.C.] celebré, y fui el primero que tal hizo, los juegos de Marte que, a partir de entonces, siguieron presidiendo conmigo los Cónsules, en virtud de un senadoconsulto y de una ley. Bien en mi nombre o en el de mis hijos o nietos, ofrecí, por veintiséis veces, en el circo, en el Foro o en los anfiteatros, cacerías de animales de Africa, en las que fueron muertas unas tres mil quinientas fieras.
23. Ofrecí al pueblo el espectáculo de una naumaquia, al otro lado del Tíber, donde hoy está el Bosque Sagrado de los Césares, en un estanque excavado de 1.800 pies de largo y 1.200 de ancho. Tomaron parte en ella 30 naves, trirremes o birremes, guarnecidas con espolones, y un número aún mayor de barcos menores. A bordo de estas flotas combatieron, sin contar los remeros, unos 3.000 hombres.
24. Tras la victoria, devolví a todos los templos de todas las ciudades de la provincia de Asia los tesoros de que se había apropiado quien guerreaba contra mí En la Ciudad, el número de mis estatuas en plata, a pie, a caballo o en cuadriga llegó a ser de unas ochenta. Yo mismo mandé retirarlas y con su importe hice ofrendas de oro que consagré en el templo de Apolo, en mi nombre y el de quienes las habían erigido para honrarme.
25. Liberé el mar de piratas En la guerra de los esclavos capturé a casi 30.000 que habían escapado de sus dueños y alzádose en armas contra la República; los devolví a sus amos, para que les diesen suplicio Italia entera me juró, por propia iniciativa, lealtad personal y me reclamó como caudillo para la guerra que victoriosamente concluí en Accio Igual juramento me prestaron las provincias de las Galias, las Hispanias, Africa, Sicilia y Cerdeña. Entre quienes, entonces, sirvieron bajo mis enseñas, hubo más de 700 senadores, de los que 83 habían sido o serían luego Cónsules, hasta el día de hoy, y de los que 170 eran o fueron más tarde sacerdotes.
26. Ensaché los límites de todas las provincias del pueblo romano fronterizas de los pueblos no sometidos a nuestro dominio. Pacifiqué las Galias, las Hispanias y la Germania, hasta donde el Océano las baña, desde Cádiz hasta la desembocadura del Elba Mandé pacificar los Alpes, desde la región inmediata al Mar Adriático hasta el Mar Tirreno, sin hacer contra ninguno de aquellos pueblos guerra que no fuese justa. Mi flota, que zarpó de la desembocadura del Rin, se dirigió al este, a las fronteras de los cimbrios, tierras en que ningún romano había estado antes, ni por tierra ni por mar. Cimbrios, carides, semnones y otros pueblos germanos de esas tierras enviaron embajadores para pedir mi amistad y la del pueblo romano. Por orden mía y bajo mis auspicios dos ejércitos llegaron, casi a un tiempo, a Etiopía y a la Arabia llamada Feliz. En esos dos países y en combate abierto destruyeron a gran número de enemigos y tomaron numerosas plazas. En Etiopía se llegó hasta la ciudad de Nabata, cerca de Meroe. En Arabia, el ejército llegó hasta la ciudad de Mariba de los sabeos.
27. Anexé Egipto a los dominios del pueblo romano Tras la muerte del rey Artajes hubiera podido convertir en provincia la Gran Armenia; pero preferí, como nuestros mayores, confiar ese reino a Tigranes, hijo del rey Artavasdo y nieto del rey Tigranes, por mediación de Tiberio Nerón, que entonces era mi hijastro Habiendo luego querido ese pueblo abandonarnos y rebelarse, lo sometí por medio de mi hijo Cayo y confié su gobernación a Ariobarzanes, hijo de Artabazo, rey de los medos; y, tras la muerte de aquél, a su hijo Artavasdo. Cuando éste fue asesinado, envié como rey a Tigranes, que era del linaje real de los armenios. Recuperé la totalidad de las provincias que, del otro lado del Adriático, se extienden hacia el este, así como Cirene, que estaba en su mayor parte poseída por reyes, igual que antes recuperé Sicilia y Cerdeña, invadidas en la guerra servil.
28. Fundé ciudades militares coloniales en Africa, Sicilia, Macedonia, en ambas Hispanias, en Acaya, en Siria, en la Galia Narbonense y en Pisidia. En Italia hay veintiocho colonias fundadas bajo mis auspicios y que, ya en vida mía, se han convertido en ciudades pobladísimas y muy notorias.
29. Recuperé muchas enseñas militares romanas, perdidas por otros jefes, de enemigos vencidos en Hispania, en Galia y de los dálmatas. Obligué a los partos a restituir los botines y las enseñas de tres ejércitos romanos y a suplicar la amistad del pueblo romano. Deposité tales enseñas en el templo de Marte Vengador.
30. Los pueblos panonios que, antes de mi Principado, no habían visto en sus tierras a ningún ejército romano, fueron vencidos mediante la acción de Tiberio Nerón, mi hijastro y legado por entonces; los sometí al dominio del pueblo romano y amplié hasta las orillas del río Danubio las fronteras del Ilírico Bajo mis auspicios fue vencido y destruído el ejército de los dacios, que las había transgredido. Y, después, uno de mis ejércitos, llevado al otro lado del Danubio, obligó a los pueblos dacios a acatar la voluntad del pueblo romano.
31. Llegaron a mí con frecuencia embajadas de reyes de la India, lo que hasta entonces no se había visto bajo ningún otro jefe romano. Bastarnos, escitas, los sármatas que viven al otro lado del Dniéster y los más lejanos aún reyes de los albanos, iberos [caucásicos] y medos solicitaron nuestra amistad por medio de legaciones.
32. En mí buscaron refugio y me suplicaron los reyes de los partos: Tirídates y, más tarde, Fraates, hijo del rey Fraates; de los medos, Artavasdes; de los adiabenos, Artaxares; de los britanos, Dumnobélauno y Tincomio; de los sicambros, Maelo; de los suevos marcomanos, (Sigime?)ro. El rey de los partos, Fraates, hijo de Orodes, envió a Italia a sus hijos y nietos, junto a mí; no por haber sido vencido en guerra, sino para suplicar nuestra amistad entregándonos, en prenda, a sus descendientes. Un grandísimo número de otros pueblos que antes nunca había tenido relaciones diplomáticas ni tratos de amistad con el pueblo romano conocieron bajo mi Principado la probidad del pueblo romano.
33. Los pueblos de los partos y los medos recibieron de mí a sus reyes, lo que habían solicitado enviándome legaciones con sus personalidades más relevantes; los partos recibieron como rey, la primera vez, a Vonón, hijo del rey Fraates y nieto del rey Orodes; y los medos a Ariobarzanes, hijo del rey Artavasdo, nieto del rey Ariobarzanes.
34. Durante mis consulados sexto y séptimo [28 y 27 a.C.], tras haber extinto, con los poderes absolutos que el general consenso me confiara, la guerra civil, decidí que el gobierno de la República pasara de mi arbitrio al del Senado y el pueblo romano Por tal meritoria acción, recibí el nombre de Augusto, mediante senadoconsulto. Las columnas de mi casa fueron ornadas oficialmente con laureles; se colocó sobre su puerta una corona cívica y en la Curia Julia se depositó un escudo de oro, con una inscripción recordatoria de que el Senado y el pueblo romano me lo ofrecían a causa de mi virtud, mi clemencia, mi justicia y mi piedad. Desde entonces fui superior a todos en autoridad, pero no tuve más poderes que cualquier otro de los que fueron mis colegas en las magistraturas.
35. Cuando ejercía mi decimotercer consulado [2 a.C.], el Senado, el Orden de los Caballeros Romanos y el pueblo romano entero me designaron Padre de la Patria y decidieron que el título había de grabarse en el vestíbulo de mi casa, en la Curia y en el Foro de Augusto y en las cuadrigas que, con ocasión de un senado consulto, se habían erigido en mi honor. Cuando escribí estas cosas estaba en el septuagesimosexto año de mi vida.
Traducción: G. Fatás.
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San Valero de Zaragoza |
A continuación publico un artículo de Guillermo Fatás para conmemorar la festividad del 29 de enero, San Valero, patrón de Zaragoza.
Obispo de Zaragoza, maestro de San Vicente Mártir y confesor de la fe cristiana, es el patrono de la Ciudad, que venera sus reliquias desde el siglo XII. Su fiesta -con roscones-es el 29 de enero.
Los documentos no nos dicen mucho de él. Estuvo en el primer concilio español de que hay noticia: el de Elbira (Granada), hacia el año 306. Prudencio añade que era su diácono Vicente, el mártir muerto en Valencia, que le acompañó en su cautiverio hasta la ciudad del Turia, cuando la persecución llamada de Diocleciano, en donde salvó la vida, ignoramos por qué causa concreta.
La tradición posterior, más novelesca, nos dice que San Valero era de difícil palabra, acaso un poco tartamudo; y que, en el tribunal valenciano, ello dirigió la atención principal al fogoso Vicente, que quiso hablar por ambos y pagó con la vida su atrevido discurso.
Después de la invasión musulmana, cuando acababa, prácticamente, de nacer el Reino de Aragón, llegaron noticias de que se habían descubierto sus restos en el Pirineo, allá por Enate. Se supuso, entonces, que el obispo había sido exilado a aquellas tierras poco hospitalarias. En 1050, lo que se creyó era su cuerpo venerable fue llevado a la sede episcopal de Roda de Isábena, entonces cabeza eclesial de Aragón.
Cuando las tropas de Alfonso I y de Gastón de Bearn entraron en Zaragoza, la restauración de la mitra cristiana exigía, casi, la presencia física de las reliquias valerianas. El capítulo de Roda fue generoso y envió, en sucesivos momentos, primero un brazo y, más tarde, el cráneo del obispo confesor (éste, en 1170, bajo el cetro de Alfonso II).
Al no haber sufrido martirio, Prudencio no lo incluye en sus cánticos martiriales. Pero señala, ente otras cosas, hablando de Zaragoza:« En ella, Vicente, nació tu palma. Allí alumbró el clero tan gran triunfo y también la familia mitrada de los obispos Valerios»
Hubo, en efecto, más de un obispo cesaraugustano con este nombre, en la Edad Antigua. Y no hay duda -por las Actas del Concilio de Elbira- acerca de que era un Valero quien gobernaba la diócesis a comienzos del siglo IV.
Un retrato ideal -que, seguramente, reproduce los rasgos de Benedicto XIII- se guarda en el Museo Capitular de Zaragoza. Cuando Don Pedro de Luna fue elegido papa, regaló a la Seo, en 1397, un relicario soberbio para guardar el cráneo del obispo patrono de Zaragoza. Hecho por orfebres y esmaltadores del taller de Aviñón, en plata sobredorada y con pedrerías, es una de las mejores piezas góticas que guarda Aragón. Su leyenda latina, traducida, reza así: «El Señor Benedicto XIII, llamado anteriormente Pedro de Luna, Cardenal de Santa María en Cosmedin, donó este relicario del bienaventurado Valerio a esta Iglesia de Zaragoza, el año 1397, tercero de su Pontificado.»
Beltrán, M. ; Beltrán, A. ; Fatás, G. (dir. y coord.).Aragoneses Ilustres. Zaragoza: Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1983. p. 152-153
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Rasputín y la aspirina |
Uno de los personajes más enigmáticos de principios del siglo XX fue el monje Gregorio Efimovich Rasputín, todopoderoso en la corte del zar Nicolás II. Entre los factores de ese poder pesó, y mucho, la milagrosa mejoría del hijo del zar, el zarevich Alexis Nikoláievich , que padecía de hemofilia, cuando Rasputín convenció al zar de que abandonara todo tratamiento médico y lo confiara a sus exclusivos cuidados (que consistían en conjuros y oraciones). En 1916, hartos de él, del rumbo errático que imprimía a la política rusa y de su germanofilia en plena Primera Guerra Mundial, un grupo de nobles lo asesinó mediante una eficaz combinación de balas y arsénico.
La mágica curación del zarevich, sin embargo, tiene su explicación. Los médicos estaban tratando a su magno paciente con una droga novísima. Esa droga, según se sabe ahora, retarda indirectamente la coagulación de la sangre, y por lo tanto es contraindicada para los hemofílicos: no tiene nada de milagroso que el zarevich mejorara en cuanto dejó de tomarla.
A pesar de todo (y de Rasputín), la droga en cuestión más siguió una carrera ascendente y se hizo más popular que los cantares, los reyes y los políticos hasta el punto que hoy en día es el medicamento más utilizado (y probablemente el más barato) del mundo. Todos la conocen, y no tiene sentido seguir ocultando su nombre: ni más ni menos que “aspirina”, con el cual fue lanzada por un laboratorio alemán el 10 de febrero de 1899. Actualmente, el mundo consume la increíble cifra de cien mil millones de comprimidos por año.
Y sin embargo, la aspirina es un medicamento muy antiguo. Desde el siglo I, se utilizaban ya las virtudes terapéuticas de la corteza, hojas y savia del sauce (que la contiene) para calmar fiebres y dolores, pero sólo en el siglo XIX se logró extraer y sintetizar el principio activo de los mejunjes tradicionales: primero la salicilina, luego el ácido salicílico, moléculas cíclicas y relativamente sencillas que presentaban, no obstante, serios problemas de intolerancia. En 1853, el joven químico Gerhardt logró la acetilación del ácido salicílico y obtuvo el ácido acetisalicílico: la aspirina adquiría su forma actual y definitiva. El descubrimiento de Gerhardt, sin embargo, pasó desapercibido desde el punto de vista farmacéutico hasta que Félix Hoffmann (1867-1946) perfeccionó un método de acetilación a escala industrial, cuando el siglo XIX daba sus últimas boqueadas.
Probablemente, lo más notable de la historia de la aspirina es que, pese a su empleo masivo, hasta hace muy poco se ignoró (y todavía se ignora en parte) cuáles son sus mecanismos de acción. En 1971 John Vane propuso una explicación satisfactoria al demostrar que la aspirina inhibe la síntesis de prostaglandinas, sustancias que acompañan y motorizan las inflamaciones. De paso, como las prostaglandimis bajan el umbral de los receptores del dolor, éste disminuye. Debido a esos trabajos, Vane recibió en 1982 el Premio Nobel de Medicina. Pero con Premio Nobel y todo, el problema de la acción de la aspirina contra el dolor (salvo en el caso del dolor que acompaña a las inflamaciones) sigue abierto.
Visto en L. Moledo y M. Rudelli Curiosidades de la Ciencia. Ed. Sudamericana. 1997.
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La sublevación de Riego |
¡ Feliz Año Nuevo!. Para comenzar este año 2007 recordaremos una efeméride de la que se cumplen hoy 187 años: el pronunciamiento de Rafael del Riego que dará pie al Trienio Liberal en la España del XIX.
Las intrigas cortesanas, el desorden, la inmoralidad administrativa y los excesos, alcanzaron extremos escandalosos durante el reinado de Fernando VII. El malestar producido por la política real y, muy principalmente, la dejación del verdadero gobierno de la nación en manos de una camarilla de amigos del monarca cuyas ordenanzas tenían prevalencia sobre la de los verdaderos ministros y secretarios, originó diversas sublevaciones que no alcanzaron el éxito. Pero, finalmente, triunfó la de 1820, un levantamiento contra el poder absoluto y corrupto del rey que ha pasado a la historia con el nombre de "la sublevación de Riego".
De familia noble, Rafael del Riego y Flórez Valdés nació en Tuña, Asturias, el 9 de abril de 1784. Su vocación militar le lleva a sentar plaza en la Compañía de Guardias de Corps y durante la Guerra de Independencia participa en numerosos combates contra los invasores franceses. Ya con el grado de Capitán, toma parte en la batalla de Espinosa de los Monteros, cayendo prisionero del enemigo y enviado cautivo a Francia. En 1814 regresa a España y solicita su reincorporación al ejército, la cual le es concedida con el grado de Teniente Coronel y el mando del batallón de infantería "Asturias", acantonado en esos momentos en la población sevillana de Las Cabezas de San Juan. Esta unidad formaba parte del conjunto de tropas que se estaban preparando en las cercanías de Cádiz para marchar a América con el fin de aplastar el movimiento separatista surgido en nuestros territorios de ultramar. Muchos de los jefes militares allí reunidos no ocultaban su pesadumbre con la situación que se vivía en España, descontento sabiamente exacerbado por la masonería y los liberales. Tal día como hoy de 1820, el Teniente Coronel don Rafael del Riego se subleva y proclama la Constitución de 1812. La rebelión se propaga rápidamente a varias ciudades, entre ellas Pamplona, Cádiz, La Coruña, Barcelona y Madrid, produciéndose sonoras algaradas y multitudinarios motines callejeros. Al Conde de la Bisbal, Capitán General de Andalucía, le ordenó Fernando VII sofocar la rebelión, pero lo que hizo fue sumarse a la sublevación, y el general Ballesteros, Jefe del Ejército del Centro, informó a Su Majestad que no tenía confianza en el proceder de sus subordinados. Resignado ante la situación, el monarca accedió a jurar la Constitución y publicó un famoso manifiesto: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional": ¡no se podía ser ni más felón ni más perjuro! Formado el primer ministerio, lo preside don Agustín Argüelles quién, desde un principio, contó con la animadversión del Borbón. Le siguieron Feliú, Martínez de la Rosa, Bardají y Evaristo San Miguel, doceañistas ilustres que siempre encontraron la resistencia de los absolutistas y, sobre todo, la del propio monarca, el cual costeaba con el tesoro nacional conjuras anticonstitucionales, armaba partidas y compraba voluntades extranjeras. A pesar de ello, durante este periodo se estableció el Tribunal Supremo, la libertad de imprenta y se dotó de amplios poderes a las Corporaciones Municipales y las Audiencias; se abolió la Inquisición y se acordó la disolución de las órdenes religiosas. Estas medidas anticlericales fueron la gota que colmó el vaso. En 1822 se reunieron en Verona los integrantes de la Santa Alianza -Inglaterra, Prusia, Rusia y Austria- y acordaron que Francia interviniese en auxilio de Fernando VII. El rey francés Luís XVIII puso a su sobrino Luís Antonio de Borbón, Duque de Angulema y exponente del sector más reaccionario de la restauración, al frente de un poderoso ejército que sería conocido como "Los cien mil hijos de San Luís". El 7 de abril de 1823 atravesó la frontera por el río Bidasoa contando, desde el primer momento, con la ayuda del clero y de numerosas partidas realistas. El ejército español se enfrentó a los invasores en Cataluña, pero falto de apoyo popular, debió retirarse. Desde ese momento, la invasión fue un paseo militar. Obligado el Gobierno a capitular después de haber buscado refugio primero en Sevilla y luego en Cádiz, Fernando VII desarrolló una política represiva cruel y sangrienta en la que los liberales fueron perseguidos como bestias o alimañas. El General Ballesteros reconoce el poder absoluto del rey y Riego, con las escasas fuerzas que le siguen, se ve traicionado y se retira, dirigiéndose a Jaén. En el pueblo de Anquilas es hecho prisionero por los absolutistas, quienes lo trasladan a Madrid donde será juzgado y condenado a muerte por el delito de alta traición y lesa majestad. El 7 de noviembre de 1823, después de ser arrastrado por las calles de Madrid dentro de un serón tirado por un asno, Rafael del Riego fue ahorcado y su cuerpo descuartizado, siendo sus restos repartidos por varias ciudades españolas. En la Plaza de la Cebada, una muchedumbre vociferante cubría de vituperios a quien tres años antes vitoreaba como un héroe. Puede que, antes de morir, las últimas palabras que escuchara Riego fueran la de aquella turbamulta gritando ¡Vivan las caenas!
Visto en Efemérides
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Código de honor del Ejército de los Andes |
José de San Martín, Cuartel General de Mendoza, 4 de septiembre de 1816.
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La silla eléctrica en Etiopía |
El emperador Menelik II de Etiopía (también conocido como Sahle Maryam of Shewa) ordenó comprar tres sillas eléctricas, después de conocer su utilización en EEUU. No las pudo utilizar porque en su país no había corriente eléctrica.
Visto en curiosidades de la historia.
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Julio Verne, un visionario |
Julio Verne (1828-1905), en sus obras, describió tecnologías totalmente inimaginables en su época. Un gran número de invenciones aparecen reflejadas en sus novelas de ciencia ficción mucho antes de su origen. A continuación unos ejemplos:
- Anticipó el uso de tanques de guerra en su libro "La casa de vapor".
- El submarino en "20.000 leguas de viaje submarino".
- El lanzallamas en "Ante la bandera".
- Los satélites artificiales en "Robur, el dueño del mundo".
- En el resto de sus obras también describió con extremada precisión máquinas e inventos que ahora nos resultan familiares pero que en sus tiempos eran impensables como: el helicóptero, la tortura por descargas eléctricas, las bombas de fragmentación, el cañón de largo alcance, los misiles teledirigidos, las alambradas electrificadas, el cine sonoro, los rascacielos, la contaminación o la ciudad ecológica entre otros.
- Verne sitúa un telescopio de 5 metros de diámetro en las Montañas Rocosas.
- La ubicación y el diámetro son idénticos a los que tuvo el primer telescopio en Monte Palomar.
- En lugar de elegir a los paises promotores de los viajes a las potencias de sus tiempos (Francia e Inglaterra) prefirió a Estados Unidos y Rusia.
- El lugar del lanzamiento de la nave de Verne es Cabo Town, muy cercano a Cabo Cañaveral.
- En el primer viaje experimental de la novela de Verne viajan animales. En la historia real es una perra llamada Laika el primer ser vivo en viajar al espacio.
- La nave de Verne que llega a la luna se llama "Columbiad" y lleva tres hombres. El módulo del Apolo XI se llamó "Columbia" y también llevó tres hombres.
- La nave de Verne tenía un sistema de refrigeración basado en un circuito cerrado, lleva alimentos concentrados y tiene cohetes secundarios para corregir la trayectoria como las naves modernas.
Visto en Datacraft
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Barón Rojo |

El Barón Rojo es el apodo de Manfred von Richthofen (1892-1918), as de la aviación alemana, que, en la I Guerra Mundial, entre 1915 y la fecha de su muerte derribó 80 aviones aliados. Esta cifra no fue igualada por ningún aviador de ambos bandos. El apodo viene del color de su avión, un Fokker pintado de rojo vivo. Su avión, nunca destruido, ardió en un incendio producido en uno de los pabellones de la exposición universal de Sevilla, en 1992.
Recomiendo: El Barón Rojo. 1971. Roger Corman.
Visto en Curiosidades de la ciencia y de la vida