Aragonesismo: El Nacionalismo Aragonés

Con este artículo, intentaré explicar brevemente qué es eso del aragonesismo. Un nacionalismo aragonés que debido a las vicisitudes históricas, a la configuración que la sociedad aragonesa ha tomado - producto del trasiego que las decisiones políticas acontecidas en relación con esta tierra en su evolución histórica- e incluso a su cultura tradición o ámbito geográfico que hace de Aragón un territorio y una comunidad de gran heterogeneidad en todos los campos, no haya terminado de cristalizar conformando ese nacionalismo de masas y que gran influencia ejerce en la política del Estado central como lo hacen el nacionalismo catalán o vasco en el marco del territorio español.
El nacionalismo aragonés, se puede definir y distinguir de estos otros nacionalismos vecinos, precisamente en esa heterogeneidad que convierte el sentimiento de identidad aragonesa. Las señas de identidad del aragonés nacen en el mismo individuo y en su pertenencia a un espacio más reducido, que le permite identificarse más plenamente con unos valores, tradiciones usos o costumbres que hacen nacer en cada aragonés un sentimiento distinto de pertenencia al terruño. Estos ámbitos o espacios, los siente el aragonés en el arraigo a su casa, que rebasa el limitado significado que supone el edificio dándole vida a través de la familia, en la que cada miembro graba en la memoria de este espacio sus vivencias, quedando el edificio ligado indisolublemente a la familia a la que pertenece o perteneció y siempre presente en el recuerdo de sus vecinos, que también identificarán ese edificio con esa familia o linaje.
El siguiente espacio, en un ámbito mayor -y cada vez tendiendo al colectivismo, imprescindible para plantear una nacionalidad- se cita la identificación del aragonés con su barrio. El sentimiento de pertenencia a un barrio viene por extensión de la pertenencia a una casa y, por extensión, a las relaciones cotidianas con sus vecinos próximos. Este sentimiento tiene un gran poder asociativo entre los vecinos y, en la mayoría de las ocasiones, puesto en práctica en festejos o celebraciones.
Por extensión, el aragonés siente un gran arraigo su pueblo. Como cita Mairal, “el lugar de cada cual, la referencia cultural básica que le otorga la condición humana”. Dentro de estos espacios, sus habitantes desarrollan un colectivismo mediante el que se identifican frente a los otros, reflejado perfectamente en las rivalidades frente a pueblos vecinos, manifestada en esa cierta competencia al celebrar festividades patronales o incluso en pequeños conflictos como el narrado, por ejemplo, en "El Lugar de un Hombre" de Ramón J. Sender. “El aragonés contempla al mundo desde su pueblo” y tomando como referente su pueblo, como cita Mairal, suponiendo tierra y pueblo un todo inseparable.
En un ámbito más amplio, las señas de identidad también son otorgadas por la pertenencia a la comarca, al valle o a la redolada, la cual supone dos aspectos que pueden parecer antagónicos a primera vista, pero que complementarios en la realidad: por un lado el perfil conflictivo que supone, aunque, por otro, es un mecanismo de integración supracomunitaria unida bajo un simbolismo ritual, otra vez manifestada por festejos colectivos como pueden ser las romerías entre distintos pueblos.
Con este esquema, a modo de las matrioshkas, llegamos a la ciudad. No se debe olvidar que todos estos ámbitos están interrelacionados estrechamente, y la ciudad actuaría como un elemento central en las relaciones entre los distintos espacios. Entre las ciudades, se pueden distinguir dos tipos, dejando fuera de la clasificación a Zaragoza, la capital, que por su tamaño y competencias además de su distinta evolución se la distingue del resto. Distinguiríamos capitales de provincia, Huesca y Teruel y cabeceras de comarca, como Calatayud, Jaca, Alcañiz…, unas ciudades pequeñas que toman el liderazgo respecto al entorno rural por su especialización en el intercambio comercial y producción artesanal –posteriormente industrial-, su configuración como centros de poder eclesiástico, civil o judicial y en el pasado por sus funciones defensivas; además la estructura de diferenciación social en la morfología urbanística que segregaba a las minorías o instituciones como la universidad de Huesca, las diferenciaban de las poblaciones próximas tomando ese liderazgo territorial sobre su zona de influencia. Según entrara la época moderna, estas ciudades se especializaron evolucionando de forma distinta tomando rumbos como la industria, los servicios o el turismo, evolución facilitada por el éxodo rural provocado por el paulatino aumento de dependencia de las zonas rurales respecto a la urbe, especialmente en las zonas montañosas.
Tras ver estos rasgos de la sociedad aragonesa, podemos caracterizar el aragonesismo con los siguientes rasgos: Tiene unas señas de identidad localistas, mediante las cuales el aragonés siente su aragonesismo y se trata de unas señas de identidad rurales, con un origen en ese mundo agrícola premoderno, aunque también en la ciudad, existe una identificación como ciudadanos a través de la construcción de un mito que exalta la pervivencia de la ciudad y que es recordado en las fiestas patronales u otros actos conmemorativos. Estos rasgos de este peculiar nacionalismo es lo que distingue al aragonesismo de los nacionalismos que conocemos. El aragonesismo es un nacionalismo basado en señas de identidad localistas, ruralistas y premodernas, ricas culturalmente, nacidas de la experiencia pero con un bajo potencial de aglutinamiento. Es un nacionalismo “atomizado” y diverso, con distintas interpretaciones y sentimientos. Frente a él, el otro tipo sería el nacionalismo político, en las que sus señas de identidad están relacionadas directamente con la industrialización. Son una señas políticas, globales y urbanas, pobres desde el punto de vista cultural, un resumen globalizador pero con una potente capacidad de aglutinamiento capaz de mover masas bajo símbolos teóricos como la bandera, el himnos o los eslóganes.
Aragón, en su competencia en el Estado de las Autonomías ha hecho pensar a muchos que su única solución es despertar y encauzar el aragonesismo desviando ese localismo a un nacionalismo más político. El principal problema con el que se encuentran es la cultura urbana. Zaragoza, una ciudad potente, necesaria para la construcción de este nacionalismo, presenta unas deficiencias difíciles de salvar. Zaragoza rezuma nacionalismo, pero no aragonés sino español, simboliza la pertenencia de Aragón a España y carece de símbolos clave para identificarse con Aragón, pues el Pilar sería un símbolo españolista más que aragonés. Las soluciones que se van tomando, especialmente tras el franquismo, que supuso un desmantelamiento de las tradiciones regionales, son la de la desviación de la atención hacia ese aragonesismo rural con la adopción de tradiciones propias del campo por la ciudad entre otros factores, y la búsqueda de otras señas, de carácter histórico, definitorias de Aragón y con las que los aragoneses nos podamos identificar. Éstas serían el fuerismo, vigente hasta el siglo XVII, con la defensa de los aragoneses de una singularidad jurídica y cuya supresión supuso la introducción de las identidades locales; y el irredentismo del siglo XX, mediante el proyecto regeneracionista de Joaquín Costa y con el que Aragón queda plenamente identificado con el agua convirtiéndose en el verdadero motor teórico de desarrollo -tras la aplicación del primer plan hidrológico- dirigido a capitalizar una agricultura para conseguir la industrialización y el desarrollo de la nación aragonesa. Aunque este modelo no triunfó plenamente ya que no tuvo un éxito total, principalmente por la inadecuación del ciclo histórico industrial y de su gran dependencia estatal y los acontecimientos producidos hasta nuestros días que dieron al traste con la regularidad del plan de Costa, podemos decir, que ha triunfado en cierta medida, todavía hay quién piensa que el agua es el principal instrumento para el desarrollo aragonés y, desde mi punto de vista, lo más importante es que en el agua, el aragonesismo ha resucitado una importante seña identitaria para Aragón, hecho incontestable es la elección de este elemento como tema en la Expo 2008 de Zaragoza.
En mi opinión, la construcción de un nacionalismo político para Aragón es totalmente necesaria y clave para su evolución política. Actualmente España, como otros países, es un Estado que poco a poco tiende a deslocalizar las funciones del gobierno central a favor de las autonomías. La autonomía como entidad política tiende a ganar importancia tanto a nivel del conjunto español como en las estructuras supranacionales como es la Unión Europea, para ello, cada autonomía debe reconfigurar su realidad de acuerdo a la adaptación a la nueva tendencia política, esta vía es el nacionalismo, la organización correspondiente dentro de un territorio compartiendo unos rasgos comunes e identificándose con ellos y aquí yace la debilidad del aragonesismo, esa riqueza de diversidad a la que estamos tan arraigados que nos acorta, en algunos casos, las miras dejándonos más apreciar lo que nos diferencia de “los de al lado” que lo que nos une como conjunto.

Víctor Vela. Universidad de Zaragoza.

Basado en:
G. Mairal Buil La Identidad de los Aragoneses. Egido Editorial, Huesca, 1996.

6 comentarios:

Florencio dijo...

Con todos los respetos, te has clavado un truño monumental para hablar del nacionalismo aragonés. ¿Qué fuentes has usado?

Florencio

Víctor Vela dijo...

Hola Florencio, la fuente la cité abajo:
G. Mairal Buil La Identidad de los Aragoneses. Egido Editorial, Huesca, 1996.
más concretamente el post es un resumen del primer capítulo.
¿Qué es exactamente lo que te parece un truño?
Un saludo

Florencio dijo...

Hombre, pues lo digo porque yo no entendería hablar del nacionalismo catalán sin los antecedentes regionalistas del siglo XIX, antecedentes que también existen en Aragón. Aquí eran más débiles (había menos burguesía y con menos poder)que en Cataluña, pero existieron, porque no, Costa, aunque con declaraciones memorables no fue un regionalista, fue un españolista, o por mejor decir fue un iberista. No haces referencia a los movimientos políticos de los años 20 y 30 o del estatuto de autonomía de Caspe. No comentas las movilizaciones masivas de los últimos años del franquismmo contra el trasvase o las centrales nucleares. No mencionas los movimientos (tan ricos y variados como minoritarios) de la transición. Y nada dices de lo acaecido desde que se aprobara la constitución de 1978.
Así que decir que pretendes explicar qué es eso del aragonesismo me parece una burla.
Si lo que escribes es una recensión de un libro de Gaspar Mairal (me dio clase en la universidad y para mi gusto deja bastante que desear como profesor) pues bueno, pase, pero no digas que es otra cosa.

Víctor Vela dijo...

Este artículo, efectivamente es un resumen del primer capítulo de la obra citada.
Con esto no pretendo explicar qué es el aragonesismo como nacionalismo en su vertiente política -por ello no comenté ninguno de los acontecimientos que citas y otros que se quedarían en el tintero que darían para un gran número de posts- sino hablar, a través del texto de Mairal, de los signos identitarios del aragonés, para este fín simplemente me he limitado a comentar el texto citado.
No hablo de Costa como un aragonesista, sino que lo asocio al irredentismo y al agua como símbolos identitarios del aragonesismo.
Cuando opté por este título para el post pensé que era correcto en cuanto a la 1ª definición de nacionalismo que ofrece el DRAE.
Por lo demás, es cierto el aragonesismo es más tomándolo en su conjunto, pero yo me he limitado sólo a los rasgos de apego que presentamos los aragoneses, no sólamente a Aragón como país, sino a todo lo aragonés.
Mi ánimo no era crear malos entendidos y espero no haber molestado a nadie.
Un saludo y gracias por tus comentarios.

Florencio dijo...

Hola Víctor,
Perdona si he parecido brusco (releyendo lo que he escrito, me lo parece)pero es que no tengo internet en cas y siempre voy con prisas.
Si quieres hacer una visión general del aragonesismo/nacionalismo desde un punto de vista antropológico/sociológico creo que se necesitaría algo más que la visión de Mairal.
La concepción de Aragón se sostiene en el tiempo por una doble vía, la culta (aquella que se estudia en las escuelas y universidades) y la popular, muchas veces están entrelazadas, pero muchas otras veces han corrido caminos muy distintos. De hecho hasta bien entrado el siglo XX la educación ha interferido más bien poco en la concepción "popular" del sentido aragonés.
Simplemente una pequeña historia que me contó un viejo de mi pueblo. Él lucho en el bando republicano y al final de la guerra terminó en un campo de prisioneros allá por Valencia, él era originario de un pueblecito de la sierra de guara, hablaba aragonés (su castellano, a pesar de los años de castellanización era bastantye limitado), había sido pastor y apenas había pisado la escuela. En ese campo oyó hablar a uno de los guardias, le pilló el acento y le preguntó si era aragonés. Éste le dijo que sí, que era de un pueblo de Teruel, entonces este se presentó como Aragonés de Huesca, le pidió un favor (no recuerdo exactamente el qué, pero era algo que en teoría los guardas no podían hacer) y éste accedió.

¿Qué unía a estas dos personas? No tenían ni vínculo social, ni familiar, ni económico, ni ideológico. Sin embargo ambos se reconocían como aragoneses. Ese es el fundamento de Aragón, el que haya gente, que sin saber quién fue Ramiro I, saben que son aragoneses, es el 'volkgeist' en estado puro.
Los comentarios de Mairal o la cita de Ramón J. Sender tienen parte de razón, pero el sentimiento aragonés va más allá de mirar su ombligo y su pueblo.

Un saludo

Víctor Vela dijo...

Hola florencio. No te preocupes, no doy importancia al tono si se argumenta lo que se dice.
Estoy completamente de acuerdo contigo en este ejemplo que has puesto.
Un profesor siempre decía que el sentimiento de pertenecia a un grupo es más intenso cuando se está lejos de él, y es más, parece que se lleva más alta la bandera cuando se está entre "extraños" que cuando se está en casa. En este caso, tanto los aragoneses como los pertenecientes a cualquier otra nación sentimos con más fuerza esta identidad.
Yo creo que Mairal aquí muestra estos signos vistos "desde dentro".
Algo así como que en Aragón nos sentimos más maños, turolenses, oscenses, bilbilitanos... que aragoneses, y fuera -y más cuanto más lejos- es más indistinta la ubicación local cuando coinciden dos aragoneses.