Pons Prades. La memoria de un historiador libertario.


La madrugada del 28 de mayo de 2007 falleció Eduard Pons Prades a la edad de 87 años, prolífico historiador y miembro de la editorial Alfaguara, en su vertiente intelectual; y memoria personificada de la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial y activista de la resistencia antifranquista y en el maquis, en su vertiente de hombre de acción.
Su vida fue, como la de otros idealistas de la libertad, de un ritmo trepidante propio de una novela de aventuras, superando en muchas ocasiones a la ficción literaria.
Hijo de emigrantes valencianos, nació en la convulsa Barcelona de 1920 en el seno de una familia libertaria, fue educado junto a sus hermanos conforme a los ideales de la Escuela Moderna.

Mi familia era libertaria y en ella los hijos éramos compañeros y amigos de los padres. Jamás nos pegaron, ni siquiera nos chillaron. Empleaban horas y horas en explicarnos por qué las cosas eran así y cómo podrían mejorar si nosotros las transformábamos.
Su padre, ebanista y anarcosindicalista intentó intruir a su hijo para que aprendiera el oficio pero Eduard mostró más interés por los libros. Cursará estudios en “L’Escola del Treball” de Barcelona y después asistirá a clases en la Escuela Racionalista “Labor Germinal” de Ferrer i Guardia, también en Barcelona.
Mi padre era ebanista, autodidacta, de enorme cultura. Nos llevó a la Escuela Racionalista de Ferrer i Guardia y allí le escuché decir a mi maestro Germinal, de Don Benito: "En la escuela se forja el porvenir".
Pronto comenzó a colaborar activamente en las labores de colectivización del Sindicato de Elaborar Madera, mientras continuaba con sus estudios, pero llegó el 18 de julio de 1936 y se prestó voluntario para ir al frente.
Así que decidí hacerme maestro. Aprobé el ingreso en la Normal, pero en el 36 estalló la guerra y me alisté falsificando mi edad. A los 17 años reales, fui alumno de la Escuela Popular de Guerra de El Escorial y luego sargento de ametralladoras en el Guadarrama.
Tras tres meses de formación en la Escuela Popular de Guerra de El Escorial, recogió el título de sargento de manos del Comisario político de la 46 División, el poeta Miguel Hernández.
Acabado su entrenamiento, fue destinado a la “105 Brigada mixta que dependía de la 3ª División” en el sector de Guadarrama Occidental, entre los pueblo de Valdemorillo y Zarzalejo, Allí tuvo su bautizó de fuego en diciembre de 1937. Más tarde, será trasladado a Brunete/Quijala cuando el frente poco menos estaba establecido y sólo había pequeñas escaramuzas.
En su primer permiso, se trasladó a Barcelona donde fue herido durante el bombardeo del 17 de marzo sobre la ciudad. Esto le impidió reincorporarse a su regimiento de destino, ya que la Zona Centro ya había quedado aislada de Cataluña, por lo que se presentó en Guisona donde se instruía a los miembros de la Quinta del Biberón.
El 24 y 25 de julio del 38 se inicia la ofensiva del Ebro que durará hasta el 16 de noviembre.
Vi morir a mis hombres en Brunete y sobre todo en el Ebro: ¡aquellos muchachos andaluces a los que los señoritos habían tratado como bestias de carga en su tierra iban sin dudar a la muerte por su dignidad antes de que les hubiéramos podido enseñar a leer!
Participó en la evacuación de heridos, y logró salir de España en marzo del 39, unas horas antes de que los fascistas llegaran al paso fronterizo. Una vez en Francia, aprovechando la documentación de herido de guerra, tuvo la suerte de que lo mandaran al hospital de Carcassone, donde estuvo 12 días. Trabajó de oficial porquero en una campiña cercana a Carcassone para una familia de emigrantes valencianos.
Respecto a los motivos de por qué se perdió la guerra, Pons Prades, desde su experiencia, siempre culpará a la política europea de no intervención.
La guerra de España, explica Pierre Vilar, fue un episodio más en la lucha de clases planetaria: por eso perdimos. Besteiro, cuando representa a la República en la coronación de Jorge V, pide ayuda al ministro de Exteriores británico. En ese momento, ganábamos: la República llevaba cinco victorias militares y Madrid resistía muy bien ante Franco.

¿Que dijo Londres?

Que la España blanca había respetado la propiedad de los intereses británicos mientras que la España roja los había colectivizado. Éramos un peligro incluso para las democracias, que nos temían y nos aislaron hasta que perdimos. Pero nuestra lucha continuó en Europa para frenar a Hitler, ahora ya cara a cara sin sus títeres y sus lacayos inter-mediarios: Franco, la Falange y la reacción.
Una vez en Francia, comenzará los contactos con el ejército francés y con el maquis y colaborará con el grupo “Solidaridad Española”.
Fui militar en el ejército francés. Mi compañía fue diezmada por los lanzallamas nazis entre Bélgica y Luxemburgo. Hitler ocupó Francia y nos disolvimos.

¿Y usted aún volvió a alistarse?

Me incorporé a los grupos de acción y sabotaje y después al maquis con otros españoles y acabé la guerra mandando, ya en el ejército de De Gaulle y Le Clerq, la limpieza de alemanes del departamento del Aude.
En 1942 ingresa en los grupos de acción de la resistencia española del Aude. Es responsable coordinador de los diferentes grupos guerrilleros españoles hasta los últimos combates por la liberación de Francia en Agosto de 1944.
El 14 de octubre del 44 entró por primera vez en clandestinidad a España, visitando Euskadi, Oviedo, Madrid, Valencia y Barcelona, hasta el 11 de Noviembre para ver cómo se encontraban los compañeros del Partido Sindicalista.
Luego volvió de nuevo a España pero esta vez la suerte no le acompañará y el 5 de enero de 1946 será detenido cuando se disponía a volver a Francia, será conducido a Pont de Molins donde estaba el Servicio de Información del Ejercito.
Consiguió escapar gracias a un primer soborno que debía servir como fianza mientras llegaban todos los informes pagado al inspector de policía de Vía Layetana, que no conocía todavía los informes sobre su peligrosidad.
En el 46 fui detenido por el ejército cruzando la frontera y acabé con Josep Pallach en el penal de Salt. Yo fui trasladado a Barcelona y días después el astuto Pallach, hábil resistente, fue liberado a punta de pistola por un grupo del POUM, El coronel Bermejo, que me interrogó, se dejó tentar por un buen soborno, que, cosas de la vida, el pobre diablo al final ni siquiera pudo cobrar.
Fue recogido y ocultado por unos familiares de Valencia. Un tiempo después regresará a Francia hasta 1962, en que de nuevo vuelve a España, concretamente a Extremadura de donde era su compañera.
Acabé trabajando en Valencia con papeles falsos, pero no se podía organizar nada y volví a Francia. Cela me fichó para sus Papeles de Son Armadans en el 57. Yo le escribía las cartas desde Francia. Años después me animó a que fuera a Madrid a colaborar con la editorial que fundó, Alfaguara. Me dijo que con Fraga tendríamos manga ancha.

-¿Y el ministro no aflojó?

Fui jefe de producción en Alfaguara, pero volví a irme a Francia al ver que la dictadura no af lojaba. En el 62 ya pude volver legalmente a España con la amnistía que dio Franco al comenzar el papado de Juan XXIII


No esperó a la muerte del Dictador para empezar a increpar, por aquí y por allá; empezó a escribir y a editar algún que otro libro, que luego con la “democracia” se multiplicarían.
Colaboró en distintas publicaciones y diarios como Historia y Vida, Historia 16, Nueva Historia, El Correo Catalán, El Periódico, Diario de Barcelona y El Correo de Andalucía, así como en revistas literarias como Insula, Papeles de Son Armadans, Letras e Indice de Artes.
Es autor además de títulos como 'La venganza', 'Los que sí hicimos la guerra', 'Un soldado de la República', 'Guerrillas españolas (1936-1960)', 'Españoles en los maquis franceses', 'Crónica negra de la transición española 1976-85', 'Las guerras de los niños republicanos 1936-1995' y 'Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial', de gran éxito editorial.

FUENTES
Nodo50
Solidaridad Obrera

IMÁGEN
Eduard Pons Prades