Carta secreta de Carlos I (V de Alemania) al infante don Felipe

(Palamós, 6 de mayo de 1543)



Demás de la otra carta e instrucción que os envío de la manera que así en el gobierno de vuestra persona como en el de los negocios en general os habéis de guiar y gobernar, os escribo y envío esta secreta que será para vos solo, y así la tendréis secreta y debajo de vuestra llave sin que vuestra mujer ni otra persona la vea.


Lo primero que en ella os diré será, hijo, el pesar que tengo de haber puesto los Reinos y señoríos que os tengo de dejar en tan extrema necesidad, que sola ella, y por no dejaros menos de la herencia que heredé, me fuera a hacer este viaje; y aunque no ha sido por mi voluntad, mas bien forzosamente y contra ella, todavía lo siento en extremo y me pesa de ello; porque si nuestros vasallos no nos sirven, no sé cómo podremos sustentar la carga. Todas las cosas están en las manos de Dios, en Él es remediarlo todo, y con esta confianza y para ver, si por su bondad, no por mis méritos, me quisieses favorecer de arte y permitir que se hiciese cosa tal y tan grande que fuese medio por donde nuestros negocios se pudiesen remediar, me meto y hago este viaje; el cual es el más peligroso para mi honra y reputación, para mi vida y para mi hacienda que puede ser; plega a Él que no lo sea para el alma, como confío que no será, pues lo hago con buena intención para proveer los medios que pudiere para remediar lo que me tiene dado y no dejaros, hijo, pobre y desautorizado, por donde después tendrías gran razón de quejaros de mi, aunque creo que siempre tendréis consideración de pensar que lo que he hecho ha sido forzosamente para guardar mi honra, pues sin ella menos me pudiera sostener y menos os dejara.

El peligro que en él pasó por la honra y reputación es que voy a cosa tan incierta que no sé qué fruto se seguirá de él, porque el tiempo está muy adelante y el dinero poco y el enemigo avisado y apercibido. De esto se sigue el de la vida y, por consiguiente, el de la hacienda, pues por estar las cosas en este peligro se aventura lo uno y lo otro. En lo de la vida Dios lo ordenará como Él fuere servido; a mi me quedará el contentamiento de haberla perdido por hacer lo que debía y por remediaros, y no soy obligado a más. Lo de la hacienda quedará tal que pasaréis gran trabajo, porque veréis cuan corta y cargada queda por ahora, pues cómo quedaría habiendo gastado más y perdido la reputación y autoridad.
Lo del alma, Dios por su bondad tendrá misericordia de ella. Para en este caso, hijo, o si fueses preso o detenido en este viaje os escribo esta carta grande, la cual por ahora ni en ningún tiempo no habéis de abrir ni permitir que la abra nadie sino hasta que Dios hubiese permitido uno de estos dos casos en mí; y en estos en las primeras Cortes que tuviéredes (que entonces será necesario tenerlas) mandaréis abrirla y leerla públicamente, porque en ella van las disculpas que doy de mí en los negocios que se ha tratado y también lo que a vos y a nuestros Reinos y señoríos conviene, si queréis ser rey y señor de ellos, y ellos reinos y vasallos vuestros; y en estos casos usaréis de esta carta como está dicho. Y por cuanto todos somos mortales, si por caso Dios en este tiempo os llevase para sí (que por su bondad no permita), ordenad y poned desde luego un escrito de vuestra mano con ella, mandando que sea guardada y no abierta hasta que otra cosa ordenase. Mas por cuanto yo confío que Dios, por quien Él es, no hará tanto mal ni a vos ni a mí, antes nos favorecerá, también os quiero decir lo que en este caso conviene que hagáis. Y para que mejor lo entendáis, es necesario que os informe de lo que ya tenía pensado de hacer, lo cual dejé por no poder, de donde podría resultar harto inconveniente; y es que en este mi pasaje y viaje tengo fin, si el Rey de Francia me tiene anticipado y tomado la mano, de defenderme de él y porque no puedo mucho sostener el gasto podría ser que fueses forzado a pelear con él y aventurarlo todo, o si yo hallo que no me tiene ofendido, ofenderé por las partes de Flandes o Alemania; la cual ofensa ha de ser con presupuesto de pelear con él, si él quiere y la necesidad le fuerza a ello; y para disminuir sus fuerzas pensaba hacer entrar al duque de Alba por el Languedoc con los alemanes y españoles que hay en el Perpiñán y con la gente de grandes y prelados y ciudades, y por la mar con las galeras trabajar la Provenza, y con la gente de guerra que tengo en Italia, el Delfinado y Piamonte.

Por ahora esto no se puede hacer, así por no haber las vituallas necesarias como por falta de dineros y poco aparejo y harta flojedad que habría en sacar esta gente del Reino, y también porque hasta saber qué hará el Turco no tengo mis galeras libres. He dicho todo esto, hijo, para que si Dios fuese servido de favorecerme, en uno de estos dos casos arriba dichos, de defención y ofención y de darme victoria, sería menester proseguirla y saber usar y gozar bien de ella; lo cual no se podría hacer sin ser muy servido y socorrido de nuestros Reinos, y señoríos y vasallos.
Para lo cual de la parte de allá donde me hallase haría todo lo que en mí fuese; de la de acá, por la vuestra sería menester que hiciésedes todo lo posible para hacer algún buen efecto. Y luego convendría, principalmente si la armada del Turco diese libertad a la mía, hacer esta entrada y ofención así de la parte de acá como por mar y por Italia, para lo cual no faltarían las vituallas, pues la cosecha estará hecha. La gente sería menester que fuese la que está dicha y apercibida poniendo en ejecución el llamamiento que tengo hecho. En lo del dinero, sería menester juntar Cortes, o por otra manera que mejor pareciese, para haber lo que conviniese. Yo no quiero hablar en lo de la sisa, porque tengo jurado de nunca pedirla, bien sé que vos ni yo no tenemos otra mejor forma que esa para remedio de nuestras necesidades, o sea por este efecto o por remediarnos y sostenernos en tiempo de paz y sosiego, y fuese dándole el nombre que quisiesen. Digo esto, porque en tal caso os escribiré luego en general lo que convendrá y de mi mano una palabra, diciéndoos que entonces es el tiempo a que habéis de mostrar cuanto valéis, así por lo que debéis ayudar a vuestro padre como por lo que os conviene para sacarnos de necesidad; y sobre esto podríades poner pies en pared y hablar, así en particular como en general, a todos, amonestándoles que sirvan. Y porque no se hallará otro medio bastante que la sisa, que aunque yo no propongo ésta ni otro, que queréis que sea ésta, y que no han de contradecir nadie de los que quisieren ser tenidos por buenos vasallos y criados nuestros. Con esto por acá y con lo de las Indias, si viene, con que me socorran, porque ella y lo que los de allá harán podía ser medio con que metiésemos tan bajo nuestros enemigos, que después nos diesen lugar a rehacernos y a quitarnos de los gastos en que cada día nos ponen.

Y esto es, hijo, lo que en estos casos sabría decir. En lo que me queda que acordaros de lo que os dije en Madrid (demás de lo que está contenido en mi otra carta) y que conviene que sea para vos solo y lo tengas muy secreto, es lo dicho y lo siguiente.

Ya se os acordará de lo que os dije de las pasiones, parcialidades y casi bandos que se hacían o están hechos entre mis criados, lo cual es mucho desasosiego para ellos y mucho deservicio nuestro; por lo cual es muy necesario, que a todos deis a entender que no queréis ni os tenéis por servido de ello y que el que usara de ellos no se lo permitieres. Y porque en público se harán mil regalos y amores y en secreto lo contrario, es menester que seáis muy sobre aviso de cómo lo hicieren. Por esta causa he nombrado al cardenal de Toledo, Presidente y Cobos para que os aconsejéis de ellos en las cosas del gobierno. Y aunque ellos son las cabezas del bando, todavía los quise juntar porque no quedásedes sólo en manos del uno de ellos, cada uno ha de trabajar de haberos en manos y de necesitaros a serviros de él. El cardenal de Toledo entrará con humildad y santidad; honradle, creedle en cosas de virtud, que él os aconsejará bien en ellas; encargadle que os aconseje bien y sin pasión en los negocios que tratare con vos y en escoger buenas personas desapasionadas en los cargos; y en lo demás no os pongáis en sus manos solas ni ahora ni en ningún tiempo ni de ningún otro, antes tratad los negocios con muchos y no os atéis ni obliguéis a uno solo, porque aunque es más descansado no conviene, principalmente a estos vuestros principios, porque luego dirían que sois gobernado y por ventura que sería verdad, y que el a quien tal crédito cayeses en las manos se ensoberbecería y se levantaría de arte que después haría mil hierros; y en fin todos los otros quedarían quejosos.

El duque de Alba quisiera entrar con ellos, y creo no fuera de bando sino del que le conviniera. Y por ser cosa del gobierno del Reino donde no es bien que entren grandes no lo quise admitir, de que no quedó poco agraviado. Yo he conocido en él, después que le he allegado a mí, que él pretende grandes cosas y crecer todo lo que él pudiere, aunque entró santiguándose muy humilde y recogido. Mirad, hijo, qué hará cabe vos que sois más mozo. De ponerle a él ni a otros grandes muy adentro en la gobernación os habéis de guardar, porque por todas vías que él y ellos susurren os ganarán la voluntad, que después os costará caro; y aunque sea por vía de mujeres creo que no lo dejará de tentar, de lo cual os ruego guardaros mucho. En lo demás, yo le empleo en lo del Estado y de la guerra; servíos de él y honradle y favorecedle pues que es el mejor que ahora tenemos en estos Reinos.

A Cobos tengo por fiel, hasta ahora ha tenido poca pasión, ahora paréceme que no le falta, no es tan gran trabajador como solía. La edad y dolencia lo causan, bien creo que la mujer le fatiga, y es causa de meterle en la pasiones y aun no deja de darle mala fama cuanto al tomar, aunque creo que no toma él cosa de importancia, basta que unos presentes pequeños que hacen a su mujer le infame. Yo le he avisado de ello, creo se remediará. Él tiene experiencia de todos mis negocios y es muy informado de ellos, bien sé que no hallaréis persona de lo que a ellos toca os podáis mejor servir que de él, y creo que él lo hará bien y linpiamente. Plega a Dios que las pasiones o las causas que con ellas le darán no le hagan salir de madre. Bien será que os sirváis de él como yo lo hago, no a solas ni dándole mas autoridad que por la que por las instrucciones está contenido, más, siguiendo aquellas, favorecedle, pues me ha servido y creo que hartos, querrían lo contrario, lo cual no merece ni conviene. Bien creo que trabajará de granjearos, como todos lo harán, y como ha sido amigo de mujeres, si viese voluntad en vos de andar con ellas, por ventura antes ayudaría que estorbaría, guardaos de ello pues no os conviene. Yo le he hecho muchas mercedes y todavía querría algunas veces más, échalo a la honra, como los otros, y dice que las dejó de hacer porque murmuran de él. Una grande y demasiada tiene que es la fundación de Indias. Tiénela para él y para su hijo. Téngole avisado que su hijo no lo ha de gozar. El sacó unas bulas del Papa sobre el adelantamiento de Cazorla, y he dado cédula que tiene Granvela que ejecutándolas y gozando su hijo de ello se le podría quitar la fundición, Granvela tiene cédula, si yo me muero podríais se la pedir y usar de ella en esta conformidad.
También tiene merced de las salinas de la Indias, ahora es poca cosa, podríalo ser con el tiempo muy grande, bien haréis si yo muero de sacárselo y también a otros que podríanla tener en cosa semejante, o lunbreras (?) y cosas que fuesen de regalía. Mas sacándoselas habéis de guardarlas para vos y no darlas a otros que sé que lo pedirían y sería peor que dejarles gozar de las mercedes que les tengo hechas.

Para lo de la Hacienda es gran oficial, y si algunos parece que él es que la disipa y pierde, no es suya la culpa ni aun mía, como tengo dicho, mas es la causa los negocios, cuando ellos lo permitiesen, creo que tan buen reformador sería como otro cualquier. La contaduría no la tiene sino durante mi ausencia, ya que volví se la podía quitar, mas no le quise hacer este desfavor; si me muriese bien haréis de confirmársela y serviros de él. En esto de la Hacienda no conviene que sea solo, como lo tengo dicho, y por eso me parece que no podríades darla a otro ni a quien más os conviniese que a don Juan Çúñiga, y si yo hubiese de proveer la otra contaduría se la daría luego, aunque el Duque de Alba y otros la pidan, que quedarían bien agraviados, mas no conviene que la tengan, y creo que de los dos se hará una buena mezcla, y así por tener mas disculpas con otros, me parece que cuando quisiéredes, lugar es que nombréis por vuestro contador a don Juan, para que después pueda con más razón quedar en el oficio. Y si entre ambos, o cualquiera de ellos, os lo pidiesen para sus hijos, no lo debéis de hacer, porque son mozos y en tales oficios conviene que lo sean personas que por sus personas y por sus suficiencias los puedan servir. Y así debéis de tener el mismo respeto en la provisión de todos los oficios y cargos que habréis de proveer, porque os va mucho que sean las personas cuales conviene, y siendo tales os será en gran descanso. Este casamiento que Cobos ha hecho en Aragón de su hijo, y dejar yo al Virrey que queda, que es la parte de su nuera, por no tener otro natural mejor que él, y que en verdad es el menos malo para ello, dará mucho que hablar en la gente; y como el consejo de Aragón nunca es tan perfecto que no haya harto que corregir en él, creo que habrá hartas quejas aunque también creo que por eso no dejarán de hacer lo que deben. Y como también se dice que el vicecanciller depende de él y que con su flojedad no hace sino lo que él quiere, todo esto se añadirá a ello. Cierto yo quisiera que el vicecanciller quedara en su casa por su dolencia, pereza y flojedad; temo que no lo podré acabar con él; por eso trajo de poner, por regente que es un buen hombre, diligente y buen juez, y mandándole que él haga su oficio limpiamente sin pasión ni respeto ninguno y que os avise de las cosas necesarias, estoy cierto que lo hará bien; y así será bien que le favorezcáis y le deis todo calor y hagáis tanto caso de él como si el fuese vicecanciller. Esto he puesto en esta carta secreta por lo que toca a Cobos.

En lo que a don Juan habrá poco que decir, porque le conocéis. Y aunque él se os figura áspero, no se lo debéis de tener a mal, antes debéis de tener muy cierto que el amor que os tiene, deseo y cuidado de que seáis de tal cual es necesario, le hace apasionarse en ello y tener esta reziera, y por ello no debéis de dejar de quererle mucho y honrarle y favorecerle y mostrar todo contentamiento de él. Y de esta manera os mostraréis agradecido al trabajo que ha tomado en criaros y enderezaos, que hasta aquí, de que doy gracias a Dios, no se ve cosa en vos que notar notablemente, no que no haya bien que enmendar y a que conviene, hijo que lo hagáis y que seáis tan perfecto que no haya que reprender y notar en vos, y así os lo ruego. Y habéis de mirar que según todos los que habéis tenido y tenéis cabe vos son mirar que según todos los que habéis tenido y tendréis cabe vos son blandos y os desean contentar, hace por ventura parecer a don Juan áspero y si él hubiese sido como los otros, todo hubiera sido a vuestra voluntad, y no es esto lo que conviene a nadie, ni aún a los viejos, cuanto más a los mozos que no pueden tener el conocimiento pleno que la experiencia y edad da a los otros, y porque estoy cierto que así lo haréis, no me alargaré en ello.

En don Juan hay dos cosas a mi parecer: la una que es algo apasionado, y con Cobos principalmente, y aun con el duque de Alba, tiene mucho de la parte del Cardenal de Toledo, y el Conde de Osorno es mucho su amigo. Pienso que la pasión la tiene principalmente de no haber habido tantas mercedes como él quisiera y parecer que Cobos no le ha ayudado y se las ha acortado y ver las que he hecho a Cobos; y sobre esto, con pesar las desigualdades de linajes y medir el tiempo de los servicios. Y esto es la una cosa que tiene, que es un poco de codicia. Bien creo que los muchos hijos y la mujer le cansan harto, y como se mezcla o quiere mezclar y hacer de ello caso de honra, esto es todo el fundamento de ello, y hace atravesado el cardenal por medio y pláticas del conde de Osorno, que creo hacen harto al caso. Creo yo con esto y tengo por muy cierto que por ninguna de estas cosas dejará de serviros y aconsejaros como debe y limpiamente; también creo que en lo que tocare a su propósito no dejará de enderezarlo con todos los medios razonables lo que le conviniere. Débesle, hijo, de encargar que con la lealtad y conciencia que tiene os aconseje y diga lo que él viese que os conviene. En fin, no embargante estas pasiones, que también creo tiene Cobos su parte de ellas, no podéis revivir más personas mejores y más a mi contentamiento.

Os habéis de servir de ellos, pidiéndoles tengan conformidad y lealtad, porque la experiencia que tienen es mucha y acompañada con limpieza, a lo cual los habéis de exhortar y mandar que la tengan, y que si no os tendréis por deservido.

En lo que toca a virtud y en el gobierno de vuestra persona sobre mí sea que no lo podréis tener mejor ni más fiel consejero que don Juan; y así, hijo, os ruego que le creáis y deis favor y calor, que él os avise y diga siempre lo que en ello él viere convenir, y esto no por ayo, sino por fiel y verdadero servidor vuestro y mío, y que de ello no os importunéis ni enojéis, porque es no lo hacerlo así la mayor señal de vuestra virtud que podréis dar de ella.

Al obispo de Cartagena todos lo conocemos por muy buen hombre; cierto que no ha sido ni es el que más os conviene para vuestro estudio; ha deseado contentaros demasiadamente. Plegue a Dios que no haya sido por algunos respetos particulares. Él es vuestro capellán mayor. Vos os confesáis con él. No sería bien que en lo de la conciencia os desease tanto contentar como ha hecho en el estudio. Hasta aquí no ha habido inconveniente de aquí adelante lo podría haber y muy grande. Mirad lo que os va en ello, porque no es más que el alma, y va mucho que a los principios de la edad conviene comencéis a tener buena conciencia y reformada; y así, hijo, os lo ruego y que en ello hagas durante las ausencias de vuestra mujer lo que os amonesta: y para este efecto creo que sería bien que, pues el obispo es vuestro capellán mayor, tomásedes un buen fraile por confesor. De esta otra carta e instrucción que os envío será bien que la vea el obispo, y él es tan bueno que estoy cierto que él tendrá mano y os acordará así de ello como de lo demás que le pareciere; y él alcanzará que uséis de toda virtud y verdad, y en ello le podréis creer y también tomar sus consejos en las cosas que os pareciere, que será bastante para ello. Cierto estoy que su voluntad es buena, la suficiencia y bastanza vos la sabéis.

No hablo en lo del cardenal de Sevilla, porque él está ya tal, que estaría mejor en su iglesia que en la Corte; él solía ser muy excelente para cosas denostado y aún lo es en lo sustancial, aunque no tanto por sus dolencias; en lo particular, también me solía aconsejar de él en elecciones de personas y otras particularidades, en que en verdad él me aconsejaba bien. No sé si las pasiones, así de su cuerpo como de su espíritu, y que tiene con el de Toledo le cegarían algo. Ahora podéis le probar en lo que os pareciere y debéis estar sobre aviso, porque a mi parecer ya no anda sino tras otros. Cuando él se quisiese ir en su iglesia, con buenos medios y sin desfavorecerle, no haríades mal en enderezarle a ello.

El Presidente es buen hombre; no es, a lo que yo alcanzo tanta cosa como sería menester para un tal Consejo, más tampoco hallo ni sé otro que le hiciese mucha ventaja. Mejor era para una Chancillería que para el Consejo, y más después que estas pasiones andan, sin las cuales a mi ver no anda, y aunque le encomendé mucho la conformidad con Cobos, paréceme que le es muy sujeto y que antes quedaría por Cobos que por él en hacer cosa que no fuese muy lícita por complacerle, y que antes él le encendería en las pasiones que no se las desharía. Mas todavía creo que no usará de su oficio sino bien. Conviene que, en cuanto así lo hiciere, que le favorezcáis, y también al Consejo y mucho a los alcaldes, porque todos querrán dar en estos tres géneros de personas. Mandadles que hagan buena justicia y entiendan en la buena gobernación del Reino. No permitáis que los del Consejo se le atrevan, y principalmente con favor de otros, ni a él que los sujete.

Digo de los otros Consejos lo que hay que decir. En esta no añadiré sino que dicen que el conde de Osorno tiene muy sujeto al Consejo de las Ordenes. Tened mano que tengan libertad. El conde es mañoso, y no tan claro en sus tratos como convenía. Él tiene mucha habilidad, es tan corto en su hablar que mal se da a entender, no sé si lo hace por no querer ser entendido o por no descontentar a nadie.

No os doy, hijo consejo de lo que deveríades de hacer en la sucesión que os tengo de dejar, porque no dejo de tener gran irresolución en deciros lo que en ello se debería de hacer por lo mayor, así en lo de las tierras de Flandes como en la investidura que tengo hecha en vos del estado de Milán; el tiempo, los negocios, vuestro ánimo y condición serán los que os han de aconsejar. Por mi testamento, y por unos codicilos y consejos que tengo hechos y os doy y podría hacer y daros durante este viaje, entenderéis lo que sobre ello yo alcanzo Yo os dejo mi heredero, vos dispondréis en ello a vuestra voluntad. Dios os deje bien escoger.

Para los negocios de Estado y información de los tocantes a los reinos de la Corona, Italia, Flandes, Alemania, para Francia y Inglaterra y otros reyes y potentados y gobiernos dellos yo estoy cierto que no hay persona que mejor los entiende ni más generalmente y particularmente los haya tratado que Granvela, y él me ha muy bien servido y sirve en ellos. Él tiene sus pasionsillas principalmente en lo de Borgoña, y gran gana de dejar sus hijos ricos; y aunque le he hecho mercedes, él gasta y algunas veces sobre ello le toman unas cóleras. Él es fiel y no piensa engañarme. Bien haréis, y creo que os es necesario serviros de él en una de dos cosas, que es tenerle cabe vos (y creo que por los principios principalmente conviene más y es irás forzoso y para que os informe más particularmente de todas cosas) o emplearle y meterle con otros en el gobierno y Consejo de las tierras de Flandes. Y cuando esto fuese habría de ser después de haberos informado de él de todo. Y para en su ausencia no sé hombre de más edad y suficiencia, ni más instructo de los negocios que su cuñado, que fue mi embajador en Francia, monsieur de San Vicent, el cual tiene las mismas pasiones que Granvela, y téngole por no tan asentado y no está muy sano. Bien sé que Granvela instruye bien su hijo, el obispo de Arrás, y creo que a efecto que se sirvan de él. Es mozo, tiene buenos principios, creo que será para servir, así que podréis escoger, en esto o en lo demás, como mejor os pareciere.

Bien sé, hijo, que otras muchas cosas os podría y debería decir. De las que podría, no hacen por ahora al caso, porque las más substanciales son las dichas, y cada una da según la necesidad lo requiere se dirán; las que debería están tan oscuras y dudosas que no sé cómo decirlas ni qué os llevo de aconsejar sobre ellas, porque están llenas de confusiones y contradicciones, o por los negocios o por la conciencia. En estas dudas siempre os atened a lo más seguro, que es a Dios y no curéis de lo otro. Yo voy a este viaje. Si Él permite que yo vuelva, pues una de las principales causas dile me llevan es aclararme más de lo que podremos y deberemos hacer, entonces os diré lo que yo habré alcanzado y si acabo en él, tomad buen consejo para que con Él os sepáis bien resolver, porque yo estoy tan irresoluto y confuso en lo que tengo de hacer, que quien de tal arte se halla, mal puede decir a otro en el mismo caso lo que le conviniere. Y pues la necesidad en que estoy es la que me pone en esta confusión, no tengo mejor remedio que, trabajando de hacer lo que debo, ponerme en las manos de Dios para que Él lo ordene todo como más su servicio fuere, y con lo que Él hiciere y ordenare me contentaré. Y vos, hijo, encomendaos a Él y meteos y todas vuestras cosas en sus manos y por ninguna de este mundo le ofendáis, y con esto Él os ayudará, guiará y favorecerá en Él, y en el otro os dará su gloria, la cual plega a Él de daros después de averos empleado en su servicio el tiempo que Él lo querrá ser, y que lo desea vuestro padre.

De Palamós a 6 de mayo 1543.

YO EL REY

Ya veis, hijo, cuanto conviene que esta carta sea secreta y no vista de otro que de vos, por lo que va en ella y digo de mis criados por vuestra información. Por eso os encomiendo mucho que en esto vea yo vuestra cordura y secreto, y que de ninguno sea vista ni aún de vuestra mujer. Y porque todos somos mortales, si Dios os llevase para sí, no os descuidéis de ponerla en tal recaudo que ella me sea vuelta cerrada, o quemadla en vuestra presencia.

Hijo, ésta es una carta e instrucción que os envío para informaros en cosas que tocan a vuestro bien y servicio y de que os podés aprovechar mucho durante esta mi ausencia y principalmente si Dios dispusiese de mí en este viaje. Tenedla muy secreta, y no la vea ni la fiéis de otro que de vos solo.


FUENTE
FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M.
Corpus Documental de Carlos V. Salamanca. 1975, t. II, pp. 104-118
N. de E. Se ha realizado una transcripción en grafía actual, a los efectos de poder proporcionar una lectura más fácil.
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